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Códigos Éticos I ¿Proceso o resultado?

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Según Domingo García Marzá, Director de Proyectos de la Fundación ÉTNOR y Catedrático de Ética Empresarial de la Universitat Jaume I de Castellón, un Código Ético es un “documento corporativo que define los valores y las normas morales por las que se debe regir la organización”, “una declaración de la apuesta ética de la empresa, de su posición ante los grupos de interés y de las obligaciones y compromisos que piensa adquirir”, y por ello es también “un documento escrito que facilita la comunicación de la cultura de la empresa con el objetivo de generar confianza, credibilidad y construir una buena reputación corporativa”.

Partiendo de esta definición, y como bien recoge José Félix Lozano, autor del libro Códigos éticos para el mundo empresarial, y encargado de desarrollar entre otros, los códigos éticos de la ONCE, la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Valencia o la Universitat de Lleida, en el que tuve el placer de participar, lo más importante de un Código Ético no es el código en sí, el documento resultante, “sino el proceso”. Y esta afirmación no es fruto sólo del análisis teórico, sino sobre todo de la experiencia práctica.

Esto no es exclusivo de esta herramienta de gestión ética. Todos los procesos que tienen que ver con la mejora de la cultura empresarial son en sí mismos procesos del todo enriquecedores de los que la empresa sale siempre distinta. Pero en concreto la elaboración de un Código Ético tiene que ser un proceso participativo de toda la organización en el que todos los grupos de interés de manera representativa revisan qué es la organización, cual es su papel en ella, y tratan de llegar a un punto en común sobre los valores que rigen y que deberían regir la cultura corporativa, es decir, la manera de ser y de hacer las cosas, su ética. No hay otra forma posible de hacerlo. O al menos no hay otra forma posible de hacerlo si queremos que el resultado genere esa reputación y confianza, esa legitimidad para operar, y sea una apuesta ética de la organización, de toda la organización, y no sólo de la dirección. Aunque por supuesto no todos los grupos de interés tendrán el mismo peso, y ciertas valoraciones son vitales, como pueda ser en una empresa familiar la opinión de los fundadores, no será el Código ético de la organización si no ha sido definido por “la” organización.

¿Todos los códigos éticos se realizan de esta manera? No, no lo creo, pero un código ético que se quiera sirva para algo en la organización debe realizarse de este modo.

Es un proceso costoso, laborioso, hasta en algunas ocasiones catártico! Que destapa fallos o cuestiones a mejorar que no se presuponían en un principio. Requiere confianza de la organización en sus grupos de interés: en sus trabajadores, en sus clientes, en sus proveedores, en las ONG, medios de comunicación locales y otros grupos cercanos. Hay que consultarlos acerca de la manera de ser y hacer las cosas de la organización, hay que indagar, sacar a la luz conflictos, asperezas, escuchar a todos y sacar conclusiones. Hay que ser una organización madura, responsable, comunicativa y sobre todo convencida de que los grupos de interés tienen un valor para la empresa, pueden aportar, y tienen que aportar.

Lo positivo es que el resultado será siempre enriquecedor. Después de la elaboración de un Código Ético la organización será sin lugar a dudas una organización mejor, preparada para afrontar las expectativas legítimas de sus grupos de interés, y con una “hoja de ruta” con la que dirigir la nave siempre hacia buen puerto. Sin lugar a dudas, merecerá la pena.

Feliz miércoles, amig@s responsables

P.d. Si quieres saber un poco más, puedes visitar en la Wiki de RSE la entrada del Código Ético

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Autor: serresponsable

Apasionada de la comunicación social y la responsabilidad social.

2 pensamientos en “Códigos Éticos I ¿Proceso o resultado?

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