Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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¿Economistas frente a la crisis?


Aprovechándome del nombre del blog de mi querido Francisco Álvarez, “no le digas a mi madre que trabajo en bolsa”, parece que hoy en día ser economista ha perdido el prestigio que tuviera antaño. Bien podría valerse de este título…no le digas a mama, no le digas a nadie, que soy o quiero ser economista.

Por eso juntar las palabras “economistas” y “frente a la crisis” podría desatar ciertos recelos. Pero como todas las generalizaciones, aún en los tiempos convulsos en los que vivimos, a mi modo de ver son erróneas y dañinas, no sólo para los colectivos en cuestión, sino para la sociedad en general, os invito a dejarlas a un lado y seguir leyendo, si el tema os ha despertado cierta curiosidad.

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El retorno de la inversión en responsabilidad social, clave para su avance


Que la ética y la responsabilidad social son al menos convenientes para los intereses de la empresa parece una cuestión de sentido común. El coste de la irresponsabilidad es elevado, y la experiencia nos lo ha demostrado en incontadas ocasiones. Sin embargo, cada vez son más las voces que reclaman una mayor concreción de la rentabilidad de la ética, un avance en la medición del retorno de la inversión en acciones relacionadas con la responsabilidad social en empresas y organizaciones.

Aunque muchos directivos están convencidos del llamado “argumento empresarial” de la RSE, para avanzar en la implantación de las prácticas responsables es necesario poder mostrarlo y demostrarlo. Algo que ayudará a los convencidos a mejorar su gestión y poder rendir cuentas ante sus grupos de interés del impacto no sólo económico, sino también social y medioambiental generado por su actividad, y dará a los no convencidos el argumento necesario para apostar definitivamente por una cultura ética.

Ahora bien, ¿quiere esto decir, como afirman algunos, que “lo que no son cuentas son cuentos” y “lo que no se puede medir no se puede gestionar”? ¿Y es posible cuantificar todo lo relativo al impacto social y medioambiental en las organizaciones? Antes de iniciar un laborioso trabajo de identificación y medición de impacto cualquier empresario o directivo de cualquier organización tendrá que tener muy presente algunas cuestiones fundamentales que afectan a la medición del impacto social:

1. En primer lugar, como decía Machado, que es de necios confundir “valor con precio”. El valor de una empresa es mucho más que su valor económico. Hoy en día existe un concepto de valor combinado en empresas lucrativas que combina valor económico con social y medioambiental, por lo que una medición únicamente del impacto económico es una medición incompleta. “Todas las empresas crean (o destruyen) valor social, pero éste no se refleja en ningún estado contable”, tal y como recoge Hugo Narrilloses su último libro.

2. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que el concepto de responsabilidad es un concepto complejo de difícil concreción en una serie de indicadores que sólo podrán medir parte de la misma.

3. Tercero, que la ética, la cultura de la empresa u organización, se compone de numerosos intangibles y rasgos cualitativos de difícil medición. Algo que, sin embargo, no debería ser un impedimento, ya que algunas cuestiones vitales financieras están también sujetas a esta subjetividad. La crisis actual nos ha demostrado la importancia de la confianza, un intangible, para el buen funcionamiento de la economía financiera. La reputación e incluso el propio “valor” de la marca son intangibles fundamentales para la empresa.

4. Y en cuarto lugar, las prácticas responsables pueden tener impactos no contables pero de vital importancia, aspectos cualitativos que por su dificultad de medición merecen una importante atención. En resumen, conviene tener bien grabada la máxima atribuida a Einstein de que “todo lo que se puede contar no necesariamente cuenta. Y todo lo que cuenta no necesariamente se puede medir.”
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