Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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Mi consumo es ¿sucio e injusto?


Moda ética, comercio justo, productos ecológicos, economía inclusiva, sostenible, emprendimiento social. Cada vez son más los términos que se cuelan en nuestro vocabulario cotidiano. Ya no sólo los que nos dedicamos al mundillo de la RSE, la RSC, o la sostenibilidad.

La ciudadanía se encuentra cada día con noticias, informes, programas de televisión, que hablan de estas cuestiones y ponen la voz de alarma. Y la pregunta que se hacen algunos, tampoco todos, no exageremos, es ¿acaso mi consumo es injusto, insolidario, sucio, insostenible, antisocial? Al menos el vocabulario, por antonomasia, así parece indicarlo. Es una pregunta que nos hacemos “en pequeñito”, “por lo bajini”, porque cuesta y duele pensar que somos cómplices de algo que no nos gusta, de algo que detestamos como ciudadanos.

¿Acaso dejamos de serlo -ciudadanos digo- cuándo consumimos? ¿Nos lo planteamos? En esto de la RSE estamos muy acostumbrados a poner la mirada en el empresario, en sus actuaciones, en sus responsabilidades.

Hace años, cuando empezó el boom de la RSE -sí, el boom, porque como en todo, la RSE también ha tenido su boom– decíamos, no sin razón, que el empresario no podía pedirle a la gente que dejara “sus valores colgados en la puerta de la empresa”. Exigíamos empresas comprometidas, empresas responsables, donde los trabajadores pudieran sentirse dignos y orgullosos de trabajar.

Hoy son numerosos los rankings de empresas en las que la gente quiere trabajar, The best workplace. Lo cual es un orgullo para sus trabajadores, pero, ¿y qué pasa con los clientes? ¿Qué pasa con los valores que los clientes dejamos en la puerta de los comercios y que poco o nada tienen que ver con nuestros valores como ciudadanos de este mundo?

¿Cuántas personas son miembros de organizaciones que defienden la infancia, y luego compran en empresas de dudosa responsabilidad hacia los menores, o con escándalos incluso de explotación infantil? ¿Cuántas mujeres defensoras de la igualdad no se preocupan por las condiciones de sus congéneres en Pakistan, Bangladesh o China al comprar una camiseta?

¿Qué nos pasa como consumidores? ¿Por qué no somos tan exigentes como lo somos con las empresas? ¿Por qué miramos para otro lado?

A modo de experimento me gustaría traer hoy aquí las 4 excusas más comunes, que utilizamos. Y digo utilizamos, porque en esto todos pecamos un poco. Me gustaría pediros un poco de reflexión acerca de las mismas.

Este artículo no busca poner el dedo en la llaga ni señalar a nadie, sino generar un cambio, por pequeño que sea, en nuestros modelos de consumo, a partir de hoy mismo. Incluido el mío. Un pequeño cambio de muchos, cambiaría mucho.

Excusas para no consumir con conciencia:

Artículo completo en Compromiso Empresarial

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