Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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Sobre el caso Nadia, la confianza en las ONG y la responsabilidad de los medios


Este artículo va sobre el ya famoso caso de la niña Nadia Nerea, y la confianza depositada en las ONG. ¿O no sólo es eso?

El padre de Nadia Nerea, Fernando Blanco, posa junto a su hija en una foto subida en su página de Facebook.

 Empezaremos con un experimento, querido lector. Cierra los ojos. Escucha este nombre: Nadia Nerea. Primero, sin más explicación, piensa si sabes a qué me refiero con este nombre. Después, anota mentalmente qué pensamientos, qué sensaciones, qué emociones te vienen a la cabeza.

Bien. Vamos allá. Nadia Nerea es una pequeña que sin quererlo se ha hecho famosa las últimas semanas por la mala praxis de sus padres. Una niña con una supuesta enfermedad rara, tricotiodistrofia, que sus padres han aprovechado para recaudar fondos y emplearlos en todo menos en su salud.

¿Has acertado? ¿Sabías de qué hablábamos solo con escuchar el nombre? Si lo has hecho debes ser de la mayoría de españoles y españolas que estas semanas han seguido el caso por los medios de comunicación.

Vamos con la segunda pregunta. ¿Qué sentimientos, emociones, dudas, temores, te han asaltado? Imagino que algunas tendrían que ver con la falta de escrúpulos de unos padres que han aprovechado la lástima por la enfermedad de su hija para enriquecerse. Lo segundo si esa niña estaría bien atendida o no. Cosa que no sabemos de momento, pero que también se ha puesto en tela de juicio. Lo tercero…y seguro que es así, la credibilidad de causas similares. ¿Cómo puedo fiarme de que la organización o proyecto al que apoyo realmente no me tome el pelo? ¿Será un caso aislado? ¿Podemos confiar en las ONG? ¿Realmente llega el dinero? ¿Son tan loables estas causas?

Voy a pedirte un esfuerzo más, querido lector. ¿Realmente piensas tú eso? ¿O son las noticias que has leído, escuchado, visto, los últimos días, las que te han llevado a pensarlo, o a priorizarlo por encima de otras cuestiones, como la de un caso aislado de un par de corruptos que han engañado a gente para sacarles el dinero?

Y volvemos al principio de nuestro artículo. ¿Es una cuestión de credibilidad en las ONG, o de ética periodística? ¿De verdad este asunto está tratado como lo que es: un caso aislado de dos personas corruptas y aprovechadas?

¿Es una cuestión de credibilidad en las ONG, o de ética periodística? ¿De verdad este asunto está tratado como lo que es: un caso aislado de dos personas corruptas y aprovechadas?

La “noticia” ha abierto telediarios nacionales durante días, contando prácticamente lo mismo, y ha sembrado el desconcierto en el sector de las organizaciones solidarias en general. Se han traído a colación anteriores casos, de nuevo aislados, de alguna organización que no actuó correctamente, y ¿con qué interés? ¿Realmente cumplía los requisitos para ser una noticia al nivel de los principales telediarios del país, por delante de guerras, desastres naturales, política, y otros asuntos relegados a un segundo plano?

En 1926 el editor del Manchester Guardian, C. P. Scott afirmó “los hechos son sagrados, las opiniones libres”. Una máxima que sin embargo no siempre se corresponde con la realidad en el periodismo.

El filósofo Habermas afirma críticamente que información y opinión se dan entrelazados en el periodismo: “Los periódicos pasaron de ser meros lugares de publicación de noticias a ser también portadores y guías de la opinión pública, medios de lucha partidista. Lo que acarreó la siguiente consecuencia por lo que a la organización interna de la empresa periodística hace. La inserción de una nueva instancia entre la colección de noticias y su publicación: la redacción. Pero para el editor esto significaba que pasaba de ser un vendedor de noticias frescas a un comerciante de opinión pública”.

Para Habermas, la comunicación periodística produce en los ciudadanos una comprensión intersubjetiva casi homogénea del espacio social, capaz de crear lugares comunes. En opinión del filósofo alemán, el espacio social es, en un elevado porcentaje, producto de los medios.

Desconozco las razones que han llevado a los principales medios de este país a sembrar las sospechas sobre un sector que lucha cada día por atender, ayudar, acompañar -con enormes dificultades- a las personas más vulnerables y machacadas de nuestra sociedad. Un sector al que en España apoya menos de un 20% de la ciudadanía, frente a otros  países europeos como Francia (49%),  Reino Unido (55%), Austria (76%)  o Finlandia (78%). Nos queda mucho camino que recorrer en lo que a solidaridad y lucha por la justicia se refiere. Y la credibilidad y la confianza en las causas lo es todo.

Lee el final del artículo en Compromiso Empresarial

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La fábula del Colibrí y el consumo responsable


Hace algunos días el conocido programa de ‘Salvados’ ha puesto de nuevo de actualidad un tema recurrente y bastante antiguo: la relación entre las extracciones de minerales para componente electrónicos para el primer mundo con la problemática de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, sobre todo violaciones y atentados contra la mujer, un verdadero “feminicidio” en países africanos.

He de decir que a mí personalmente el programa (eVictims) me pareció bastante flojo. Centrado sobre todo en la situación degradante que vive el Congo desde hace décadas, y eso sí, con un dramatismo terrible narrado en primera persona a través de las víctimas. Víctimas que son a su vez verdugos muchas de ellas, porque los chicos que violan y mutilan a las mujeres son a su vez niños de la guerra, robados, entrenados, drogados y manipulados para causar el horror.

Más allá de narrar esta cruda realidad, poco se trató de la procedencia del famoso coltán, un mineral compuesto por colombita y tantalita, de color negro o marrón muy oscuro, que se utiliza en microelectrónica, telecomunicaciones y en la industria aeroespacial y su relación con todos los aparatos electrónicos que tenemos en nuestras manos. Un halo de complicidad sutil recorría todo el programa, pero sin poner nombres y apellidos de las compañías que los utilizan y los terminales que lo llevan y, sobre todo, sin hablar de las alternativas.

Reconozco que de inicio tampoco esperaba mucho más del programa, pero lo que más me sorprendió, como otras tantas veces, es el desconocimiento de muchas personas de mi alrededor que era la primera vez que reparaban en algo así; la cadena de mensajes vía redes sociales que se formó ante la expectación del programa; los comentarios de sorpresa, y la indignación de muchas personas ante una información que nos parecía “desvelada” en este momento.

No es la primera vez que me pasa, que gente a mí alrededor concienciada y preocupada por el mundo se asombra ante estos conflictos. Otro tema recurrente sobre el que ya he escrito alguna vez es sobre la moda ética y la procedencia de todas las prendas que llevamos encima día tras día.

El primer paso es tomar conciencia de lo que somos, lo que vestimos, lo que gastamos, y las conexiones que todo ello tiene con el sufrimiento de miles de personas al otro lado del mundo.

No quiero decir con ello que el conocimiento se convierta en un cambio radical hacia el consumo responsable, pues a veces no es fácil por distintas razones: precio, dificultad de encontrar los productos, tiempo, conocimiento, veracidad, confianza. Pero sin lugar a dudas, el primer paso es tomar conciencia de lo que somos, lo que vestimos, lo que gastamos, y las conexiones que todo ello tiene con el sufrimiento de miles de personas al otro lado del mundo.

Solo el hecho de tomar conciencia nos lleva a un consumo más pausado, más razonado, y sobre todo más respetuoso. Un consumo consciente, que sin lugar a dudas, es el primer paso de un consumo responsable.

Pero esto del asombro iba en aumento y no quedó ahí. Ante la difusión que algunas personas hicimos, entre ellas yo, de una de las alternativas a estos móviles manchados de sangre, -el Fairphone, un teléfono de comercio justo que además de la procedencia de los minerales de zonas libres de conflicto asegura una mayor perdurabilidad del aparato, luchando contra la obsolescencia programada (que para los que no sepan tampoco qué es les insto ya a ver el documental Comprar, tirar, comprar), vende baterías de repuesto o no incluye cargador para minimizar la basura tecnológica-, cuál fue mi sorpresa al encontrarme con un artículo titulado Por qué comprar un Fairphone no va a cambiar el Congo.

Y como las cosas nunca suceden porque sí, justo estos días llegó a mí esta fábula que comparto para terminar este artículo, y que creo que habla por sí sola. Cada cual que saque sus conclusiones… y que actúe.

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