Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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Somos más solidarios de lo que creemos


“La gente es buena más allá de lo que digan los telediarios”. La frase no es mía, aunque me encantaría. Es de Paco Arango, para unos director de cine, pero para muchos otros más que eso, un verdadero “genio”, que como presidente de la Fundación Aladina hace realidad los deseos de niños con cáncer y de sus familias, desde hace 17 años.

Tras llevar al cine la cruda realidad del cáncer con Maktub, ahora vuelve con Lo que de verdad importaLa primera película española 100% benéfica, 100% positiva, como reza el cartel de estreno. Una película que ha recaudado ya 2,5 millones de euros desde el 17 de febrero que se estrenó. La productora no recuperará ni un euro de lo invertido. Todo el dinero, absolutamente todo el dinero recaudado, irá destinado a una actividad increíble: los campamentos para niños y niñas con cáncer fundados por Paul Newman, Serious Fun, para disfrutar de una diversión “en serio”.

Un Paul Newman para muchos desconocido, que además de esta fundación puso en marcha una línea de comidas que ya ha generado 540 millones de dólares entregados directamente a los niños con cáncer. Héroes silenciosos. Facetas desconocidas de grandes personas.

El dinero, como digo, va destinado a unos campamentos que unen a niños y niñas de toda Europa con el mismo sufrimiento con un objetivo en común: sanar no la enfermedad, sino el daño psicológico que conlleva. Los médicos afirman que es tan importante como la propia quimioterapia. “Los padres dicen que les devolvemos a sus hijos como eran antes de tener la enfermedad”, afirma Arango.

“España es un país con un gran corazón, y yo le he dado una gran excusa para mostrarlo”, asiente Arango. Yo también lo creo. Pero la relación entre palabras bonitas y la exigencia de hechos concretos es también una constante entre las personas de “buen corazón”. Sobre todo después de hechos tan negativos como el reciente caso de Nadia Nerea, sobre el que ya escribí en este medio, que ha sacudido la confianza de la ciudadanía en las causas sociales.

Pero si ese gran corazón sigue debajo, solo hacen falta de nuevo buenas razones para ayudar, como ha demostrado Arango.

El caso Nadia Nerea ha sacudido la confianza de la ciudadanía en las causas sociales, pero su gran corazón sigue debajo; solo hay que dar buenas razones para que continúen ayudando.

Mi experiencia en el ámbito de la captación de fondos me ha llevado a comprobar que somos bastante reacios a dar dinero, quizá algo tenga que ver nuestro carácter mediterráneo, pícaro y desconfiado, en comparación con otros países vecinos. Los datos así lo corroboran. No estamos entre los países europeos que más donan a casusas sociales. Y mucho más cuesta comprometerse con una cuota estable que con una donación puntual. ¿Pero significa eso que somos poco solidarios?

No, no lo creo. Constatada la realidad, hay que ponerse manos a la obra, e identificar cómo nos gusta en España ser personas solidarias, qué mueve esos corazones. En la Fundación Novaterra tenemos un catálogo propio con siete formas de colaborar con la entidad. Las siete igual de importantes, y solo una tiene que ver con dar dinero. Se puede donar tiempo. Se puede donar conocimiento. Se pueden donar contactos. Se puede donar en especie. Se puede realizar voluntariado a título personal o corporativo; se puede participar en campañas; dar difusión; contratar servicios de empresas sociales; participar en actividades; acudir a talleres solidarios.

Nunca, ni una sola vez, me he encontrado con una persona ni con una empresa que haya dicho que no a colaborar con Novaterra. A dar dinero, sí, abiertamente, por diversas causas. A buscar la manera en la que poder ser solidario con el proyecto, nunca.

Se pueden donar órganos. Se puede donar sangre. España es líder mundial en donación y trasplantes desde hace 24 años, y ha vuelto a batir un año más su propio récord, registrando el mayor aumento en el número de donantes en la historia, lo que le ha permitido alcanzar los 39,7 donantes por millón de población y un total de 4.769 pacientes trasplantados en 2015.

Hay que abrir el espectro, porque maneras de contribuir al bien común hay muchas. Hay que ser imaginativos, y no dejar a nadie sin experimentar la inigualable sensación de dar. Porque una vez se prueba, engancha.

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Liderazgo femenino, ¿a costa de cuánto?


Marzo es el tercer mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días. Su nombre deriva del latín Martius, que era el primer mes del calendario romano, que a su vez deriva de Mars, el dios romano de la guerra. El nombre de Marzo fue elegido en honor a este dios, pues era en este mes cuando se planeaban todas las campañas militares que tendrían lugar tras el transcurso del año.

En el mes de marzo, alrededor del día 21, tiene lugar el equinoccio de primavera en el hemisferio septentrional y el equinoccio de otoño en el meridional. Marzo es un mes de renovación, de dejar atrás el invierno, de quemar “lo viejo”, algo de lo que sabemos bien los valencianos.

Fue también marzo el mes elegido por la política alemana Clara Zetkin, férrea defensora de los derechos de las mujeres, en 1910, para conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora. Un movimiento por los derechos de las mujeresque fue respaldado por más de 100 mujeres de 17 países, con más de un millón de personas manifestándose por la calles de Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca.

El 25 de marzo de 1911, justo un año después, tiene lugar uno de los más trágicos desastres de la Revolución Industrial. 146 personas, de ellas 123 mujeres, fallecen en el incendio de Triangle Shirtwaist, en el edificio Asch de Nueva York. La mayoría eran jóvenes de entre 14 y 23 años, inmigrantes judías de Europa del Este e italianas que se ganaban la vida en esta fábrica de camisas en el distrito de Manhattan, Nueva York.

El incendió se propagó rápidamente, las puertas de las escaleras y la salida estaban cerradas a propósito para evitar las protestas sindicales. Y cada mes de marzo, desde entonces, todavía con más rabia e indignación, se recuerda la lucha de todas y cada una de las mujeres, muchas de ellas fallecidas en el intento. Y se sigue reivindicando un papel en igualdad de condiciones en este mundo que vivimos, en todos y cada uno de los rincones del planeta.

El mes de marzo, mes de la guerra de los hombres, es el mes de la igualdad de las mujeres. Es el mes de la lucha por el mundo en femenino. Nelson Mandela dijo una vez que las guerras acabarían cuando de verdad las mujeres lideraran el mundo. En ese momento, quizá el mes de marzo adquirirá todavía un sentido más revolucionario.

Nelson Mandela dijo una vez que las guerras acabarían cuando de verdad las mujeres lideraran el mundo.

Sin duda hemos avanzado mucho en libertades, en derechos, en igualdad laboral. No cabe duda. Pero ¿realmente en la dirección correcta? En apenas cuatro días seis mujeres han muerto asesinadas a manos de hombres. Alarmantemente, la mayoría de ellas habían denunciado antes, y los agresores tenían órdenes de alejamiento. 14 mujeres en no llega dos meses. Fueron 55 mujeres en 2016. Sin contar, por supuesto, las que lograron sobrevivir, las supervivientes a la violencia de género, y sus familias.

Jóvenes, mayores, nacionales, extranjeras, de distintas clases sociales, profesiones y niveles económicos. Hasta una guardia civil ha muerto asesinada estos días. Nadie encuentra un patrón, ni la manera de hacerle frente.

Mujeres que triunfan en un mundo de hombres a costa de comportarse como ellos. O de sacrificar sus vidas familiares. Medidas de conciliación y flexibilidad laboral que no avanzan.

Niños/as desatendidos, adictos al móvil, a Internet, a las redes sociales, que claman afecto y atención, y más tiempo con su familia. Padres y madres estresados, con la sensación siempre de no llegar a todo, de no estar haciéndolo bien, y de que no hay alternativa.

Mujeres que cada vez retrasan más la edad para quedarse embarazadas, porque no es fácil, no va a ser fácil, con los consecuentes problemas cada vez mayores de infertilidad y su sufrimiento añadido. Familias que cada vez tienen menos hijos de los que quisieran. Cansadas, ha titulado Nuria Valera, periodista, escritora y experta en violencia de género y políticas de igualdad, su último libro, en el que habla de “una nueva misoginia” que reproduce el machismo de toda la vida pero con una forma “mucho más sutil”.

Toda una generación de mujeres, que ahora rondan los 40, que tuvieron que poner en práctica los avances teóricos logrados por sus predecesoras, como el acceso normalizado a la universidad, el empleo cualificado o el acceso a puestos directivos. Algo que hicieron, según la autora, “sin gloria ni reconocimiento”. Una generación “sándwich”, con “proyectos de vida que no tienen continuidad porque tenemos hijos demasiado pequeños y padres demasiado mayores”. Madres cansadas, abuelas cansadas, que nos han criado en una igualdad formal, pero no real.

‘Cansadas’, el último libro de la periodista Nuria Valera, habla de “una nueva misoginia” que reproduce el machismo de toda la vida pero con una forma “mucho más sutil”.

Una sociedad enferma, que clama a raudales un cambio, un cambio de sistema, de organización de los tiempos del trabajo y de la vida personal, de una igualdad real entre hombres y mujeres, pero no a costa de nadie. A lo que sumar una feminización de la pobreza: un creciente empobrecimiento con rostro de mujer, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales.

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