Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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Somos más solidarios de lo que creemos


“La gente es buena más allá de lo que digan los telediarios”. La frase no es mía, aunque me encantaría. Es de Paco Arango, para unos director de cine, pero para muchos otros más que eso, un verdadero “genio”, que como presidente de la Fundación Aladina hace realidad los deseos de niños con cáncer y de sus familias, desde hace 17 años.

Tras llevar al cine la cruda realidad del cáncer con Maktub, ahora vuelve con Lo que de verdad importaLa primera película española 100% benéfica, 100% positiva, como reza el cartel de estreno. Una película que ha recaudado ya 2,5 millones de euros desde el 17 de febrero que se estrenó. La productora no recuperará ni un euro de lo invertido. Todo el dinero, absolutamente todo el dinero recaudado, irá destinado a una actividad increíble: los campamentos para niños y niñas con cáncer fundados por Paul Newman, Serious Fun, para disfrutar de una diversión “en serio”.

Un Paul Newman para muchos desconocido, que además de esta fundación puso en marcha una línea de comidas que ya ha generado 540 millones de dólares entregados directamente a los niños con cáncer. Héroes silenciosos. Facetas desconocidas de grandes personas.

El dinero, como digo, va destinado a unos campamentos que unen a niños y niñas de toda Europa con el mismo sufrimiento con un objetivo en común: sanar no la enfermedad, sino el daño psicológico que conlleva. Los médicos afirman que es tan importante como la propia quimioterapia. “Los padres dicen que les devolvemos a sus hijos como eran antes de tener la enfermedad”, afirma Arango.

“España es un país con un gran corazón, y yo le he dado una gran excusa para mostrarlo”, asiente Arango. Yo también lo creo. Pero la relación entre palabras bonitas y la exigencia de hechos concretos es también una constante entre las personas de “buen corazón”. Sobre todo después de hechos tan negativos como el reciente caso de Nadia Nerea, sobre el que ya escribí en este medio, que ha sacudido la confianza de la ciudadanía en las causas sociales.

Pero si ese gran corazón sigue debajo, solo hacen falta de nuevo buenas razones para ayudar, como ha demostrado Arango.

El caso Nadia Nerea ha sacudido la confianza de la ciudadanía en las causas sociales, pero su gran corazón sigue debajo; solo hay que dar buenas razones para que continúen ayudando.

Mi experiencia en el ámbito de la captación de fondos me ha llevado a comprobar que somos bastante reacios a dar dinero, quizá algo tenga que ver nuestro carácter mediterráneo, pícaro y desconfiado, en comparación con otros países vecinos. Los datos así lo corroboran. No estamos entre los países europeos que más donan a casusas sociales. Y mucho más cuesta comprometerse con una cuota estable que con una donación puntual. ¿Pero significa eso que somos poco solidarios?

No, no lo creo. Constatada la realidad, hay que ponerse manos a la obra, e identificar cómo nos gusta en España ser personas solidarias, qué mueve esos corazones. En la Fundación Novaterra tenemos un catálogo propio con siete formas de colaborar con la entidad. Las siete igual de importantes, y solo una tiene que ver con dar dinero. Se puede donar tiempo. Se puede donar conocimiento. Se pueden donar contactos. Se puede donar en especie. Se puede realizar voluntariado a título personal o corporativo; se puede participar en campañas; dar difusión; contratar servicios de empresas sociales; participar en actividades; acudir a talleres solidarios.

Nunca, ni una sola vez, me he encontrado con una persona ni con una empresa que haya dicho que no a colaborar con Novaterra. A dar dinero, sí, abiertamente, por diversas causas. A buscar la manera en la que poder ser solidario con el proyecto, nunca.

Se pueden donar órganos. Se puede donar sangre. España es líder mundial en donación y trasplantes desde hace 24 años, y ha vuelto a batir un año más su propio récord, registrando el mayor aumento en el número de donantes en la historia, lo que le ha permitido alcanzar los 39,7 donantes por millón de población y un total de 4.769 pacientes trasplantados en 2015.

Hay que abrir el espectro, porque maneras de contribuir al bien común hay muchas. Hay que ser imaginativos, y no dejar a nadie sin experimentar la inigualable sensación de dar. Porque una vez se prueba, engancha.

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Liderazgo femenino, ¿a costa de cuánto?


Marzo es el tercer mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días. Su nombre deriva del latín Martius, que era el primer mes del calendario romano, que a su vez deriva de Mars, el dios romano de la guerra. El nombre de Marzo fue elegido en honor a este dios, pues era en este mes cuando se planeaban todas las campañas militares que tendrían lugar tras el transcurso del año.

En el mes de marzo, alrededor del día 21, tiene lugar el equinoccio de primavera en el hemisferio septentrional y el equinoccio de otoño en el meridional. Marzo es un mes de renovación, de dejar atrás el invierno, de quemar “lo viejo”, algo de lo que sabemos bien los valencianos.

Fue también marzo el mes elegido por la política alemana Clara Zetkin, férrea defensora de los derechos de las mujeres, en 1910, para conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora. Un movimiento por los derechos de las mujeresque fue respaldado por más de 100 mujeres de 17 países, con más de un millón de personas manifestándose por la calles de Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca.

El 25 de marzo de 1911, justo un año después, tiene lugar uno de los más trágicos desastres de la Revolución Industrial. 146 personas, de ellas 123 mujeres, fallecen en el incendio de Triangle Shirtwaist, en el edificio Asch de Nueva York. La mayoría eran jóvenes de entre 14 y 23 años, inmigrantes judías de Europa del Este e italianas que se ganaban la vida en esta fábrica de camisas en el distrito de Manhattan, Nueva York.

El incendió se propagó rápidamente, las puertas de las escaleras y la salida estaban cerradas a propósito para evitar las protestas sindicales. Y cada mes de marzo, desde entonces, todavía con más rabia e indignación, se recuerda la lucha de todas y cada una de las mujeres, muchas de ellas fallecidas en el intento. Y se sigue reivindicando un papel en igualdad de condiciones en este mundo que vivimos, en todos y cada uno de los rincones del planeta.

El mes de marzo, mes de la guerra de los hombres, es el mes de la igualdad de las mujeres. Es el mes de la lucha por el mundo en femenino. Nelson Mandela dijo una vez que las guerras acabarían cuando de verdad las mujeres lideraran el mundo. En ese momento, quizá el mes de marzo adquirirá todavía un sentido más revolucionario.

Nelson Mandela dijo una vez que las guerras acabarían cuando de verdad las mujeres lideraran el mundo.

Sin duda hemos avanzado mucho en libertades, en derechos, en igualdad laboral. No cabe duda. Pero ¿realmente en la dirección correcta? En apenas cuatro días seis mujeres han muerto asesinadas a manos de hombres. Alarmantemente, la mayoría de ellas habían denunciado antes, y los agresores tenían órdenes de alejamiento. 14 mujeres en no llega dos meses. Fueron 55 mujeres en 2016. Sin contar, por supuesto, las que lograron sobrevivir, las supervivientes a la violencia de género, y sus familias.

Jóvenes, mayores, nacionales, extranjeras, de distintas clases sociales, profesiones y niveles económicos. Hasta una guardia civil ha muerto asesinada estos días. Nadie encuentra un patrón, ni la manera de hacerle frente.

Mujeres que triunfan en un mundo de hombres a costa de comportarse como ellos. O de sacrificar sus vidas familiares. Medidas de conciliación y flexibilidad laboral que no avanzan.

Niños/as desatendidos, adictos al móvil, a Internet, a las redes sociales, que claman afecto y atención, y más tiempo con su familia. Padres y madres estresados, con la sensación siempre de no llegar a todo, de no estar haciéndolo bien, y de que no hay alternativa.

Mujeres que cada vez retrasan más la edad para quedarse embarazadas, porque no es fácil, no va a ser fácil, con los consecuentes problemas cada vez mayores de infertilidad y su sufrimiento añadido. Familias que cada vez tienen menos hijos de los que quisieran. Cansadas, ha titulado Nuria Valera, periodista, escritora y experta en violencia de género y políticas de igualdad, su último libro, en el que habla de “una nueva misoginia” que reproduce el machismo de toda la vida pero con una forma “mucho más sutil”.

Toda una generación de mujeres, que ahora rondan los 40, que tuvieron que poner en práctica los avances teóricos logrados por sus predecesoras, como el acceso normalizado a la universidad, el empleo cualificado o el acceso a puestos directivos. Algo que hicieron, según la autora, “sin gloria ni reconocimiento”. Una generación “sándwich”, con “proyectos de vida que no tienen continuidad porque tenemos hijos demasiado pequeños y padres demasiado mayores”. Madres cansadas, abuelas cansadas, que nos han criado en una igualdad formal, pero no real.

‘Cansadas’, el último libro de la periodista Nuria Valera, habla de “una nueva misoginia” que reproduce el machismo de toda la vida pero con una forma “mucho más sutil”.

Una sociedad enferma, que clama a raudales un cambio, un cambio de sistema, de organización de los tiempos del trabajo y de la vida personal, de una igualdad real entre hombres y mujeres, pero no a costa de nadie. A lo que sumar una feminización de la pobreza: un creciente empobrecimiento con rostro de mujer, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales.

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Elijo todo. Porque yo lo valgo


Recuerdo una tarde de Reyes, tras la cabalgata, subir con mucha ilusión al salón de cristal del Ayuntamiento de Valencia a conocer a Sus Majestades, y recibir personalmente de sus manos un regalo anticipado.
Desenvolví aquel presente con ilusión, y me encontré con un juego de mesa -en mi época de los mejores regalos que podías recibir para jugar en familia- llamado Spot. Al llegar a casa descubrí que se trataba de acertar, a través de frases como El mío lo lava más blanco, o Leche, cacao, avellanas y azúcar, el producto que se estaba anunciando.

Poco a poco empecé a ver, lo primero, que el juego era algo antiguo, por el tipo de spots que recogía; lo cual ya decía mucho: los anuncios marcan generaciones. Y, lo segundo, la cantidad de frases publicitarias, “jingles” comerciales, y spots, grabados en la memoria de toda una familia. El poder de la publicidad, ya en los años 80.

Pero mi reflexión hoy va mucho más allá de esto, que ya de por sí es importante pararse a pensar. Y lo haremos mientras jugamos al Spot del siglo XXI.

Te lo mereces, y lo sabes

Te lo mereces, y lo sabes. Piensa unos minutos, ¿de qué empresa estamos hablando? Éste es uno de mis eslóganes preferidos, aunque es de la campaña anterior. Este año ha sido sustituido por -a ver si alguien se acuerda…-: Quiéreteme, quiérete un poquito, amor; quiéreteme, este es tu momento, amor.

Estamos hablando de un gigante de las compras como es El Corte Inglés, que he de reconocer que a nivel publicitario ha dado un salto cualitativo en las últimas campañas. Estas dos, asociadas a las rebajas, junto con la de este año de Navidad de la fábrica del papel de regalo, son emotivas, enganchan y se convierten en virales. ¿Quién no se ha encontrado parada en un semáforo, canturreando: Quiéreteme?

Este tipo de anuncios apelan a una idea madre: te mereces consumir, te mereces ese producto, porque Tú lo vales (de L’Oréal París, por cierto). Tu valor tiene que ver con tu potencial de consumo. Cuanto más vales, más consumes.

Elige todo

Esta es otra idea matriz que me ha llamado poderosamente la atención en los últimos meses: Elige todo. Esta campaña de Movistar (dominio web incluido Eligetodo.com) nos incita a la no elección; promueve que tenemos “derecho” a tenerlo todo, y nos lleva a una enorme frustración si no podemos conseguirlo.

En mi época de niña nos enseñaban a vivir con moderación, a esforzarnos para conseguir nuestros objetivos, a saber que no se puede tener todo en la vida, y que se puede ser feliz con lo necesario. Hoy lo queremos todo, elegimos tenerlo todo, porque, de nuevo, “lo valemos”.

¿Resfriado? ¡Venga ya!

Esta es una de mis favoritas, y para mí de las más preocupantes. El anuncio narra la siguiente situación: “Éste es Jaime. Y Jaime tiene hoy un plan importante, a pesar de un molesto resfriado; y a pesar de que el día no sea precisamente soleado; y de una inoportuna parada para ir al baño; y de un repentino atasco, y de un camino encharcado… Porque Jaime puede tener un resfriado, pero no va a dejar que frene sus planes gracias a la solución más completa de Frenadol. ¿Resfriado? ¡Venga ya!”.

Desde el Frendadol Forte, porque no dejes un trancazo cambie tus planes, ni los de los tuyos, hasta el Frenadol Junior, para que ni los niños dejen de jugar a la consola por un resfriado. Una cultura del “no parar” alentada cada cinco minutos en televisión.

Parece que me hago mayor, hablando constantemente de mi niñez, pero antes, cuando una persona estaba enferma, se le recomendaba reposo, caldos e infusiones. Descanso y atención. Hoy desde muy pequeños se nos introduce en esta cultura que lleva a que a nadie se le ocurra llamar al trabajo para decir que no va porque está resfriado y necesita el correspondiente reposo, caldo e infusión. Que nada te pare.

La publicidad de medicamentos ha creado una cultura que lleva a que a nadie se le ocurra llamar al trabajo para decir que no va porque está resfriado.

Para que no te pierdas nada

Otro aspecto interesante, reflejo de la sociedad actual, que recogen los anuncios es la inmediatez. En tan solo un minuto, para que no te pierdas nada. La forma más rápida de comer (arroces Brillante). Como si cocinar y comer fuera “perderse algo”, en lugar de una parte fundamental de la vida de las personas. Esta idea de la rapidez en las tareas cotidianas, unida a las compras por Internet, a las entregas en una hora, al WhatsApp, el correo electrónico en el móvil, el Messenger… nos ha instalado en una cultura de la inmediatez que aterra.

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Sobre el caso Nadia, la confianza en las ONG y la responsabilidad de los medios


Este artículo va sobre el ya famoso caso de la niña Nadia Nerea, y la confianza depositada en las ONG. ¿O no sólo es eso?

El padre de Nadia Nerea, Fernando Blanco, posa junto a su hija en una foto subida en su página de Facebook.

 Empezaremos con un experimento, querido lector. Cierra los ojos. Escucha este nombre: Nadia Nerea. Primero, sin más explicación, piensa si sabes a qué me refiero con este nombre. Después, anota mentalmente qué pensamientos, qué sensaciones, qué emociones te vienen a la cabeza.

Bien. Vamos allá. Nadia Nerea es una pequeña que sin quererlo se ha hecho famosa las últimas semanas por la mala praxis de sus padres. Una niña con una supuesta enfermedad rara, tricotiodistrofia, que sus padres han aprovechado para recaudar fondos y emplearlos en todo menos en su salud.

¿Has acertado? ¿Sabías de qué hablábamos solo con escuchar el nombre? Si lo has hecho debes ser de la mayoría de españoles y españolas que estas semanas han seguido el caso por los medios de comunicación.

Vamos con la segunda pregunta. ¿Qué sentimientos, emociones, dudas, temores, te han asaltado? Imagino que algunas tendrían que ver con la falta de escrúpulos de unos padres que han aprovechado la lástima por la enfermedad de su hija para enriquecerse. Lo segundo si esa niña estaría bien atendida o no. Cosa que no sabemos de momento, pero que también se ha puesto en tela de juicio. Lo tercero…y seguro que es así, la credibilidad de causas similares. ¿Cómo puedo fiarme de que la organización o proyecto al que apoyo realmente no me tome el pelo? ¿Será un caso aislado? ¿Podemos confiar en las ONG? ¿Realmente llega el dinero? ¿Son tan loables estas causas?

Voy a pedirte un esfuerzo más, querido lector. ¿Realmente piensas tú eso? ¿O son las noticias que has leído, escuchado, visto, los últimos días, las que te han llevado a pensarlo, o a priorizarlo por encima de otras cuestiones, como la de un caso aislado de un par de corruptos que han engañado a gente para sacarles el dinero?

Y volvemos al principio de nuestro artículo. ¿Es una cuestión de credibilidad en las ONG, o de ética periodística? ¿De verdad este asunto está tratado como lo que es: un caso aislado de dos personas corruptas y aprovechadas?

¿Es una cuestión de credibilidad en las ONG, o de ética periodística? ¿De verdad este asunto está tratado como lo que es: un caso aislado de dos personas corruptas y aprovechadas?

La “noticia” ha abierto telediarios nacionales durante días, contando prácticamente lo mismo, y ha sembrado el desconcierto en el sector de las organizaciones solidarias en general. Se han traído a colación anteriores casos, de nuevo aislados, de alguna organización que no actuó correctamente, y ¿con qué interés? ¿Realmente cumplía los requisitos para ser una noticia al nivel de los principales telediarios del país, por delante de guerras, desastres naturales, política, y otros asuntos relegados a un segundo plano?

En 1926 el editor del Manchester Guardian, C. P. Scott afirmó “los hechos son sagrados, las opiniones libres”. Una máxima que sin embargo no siempre se corresponde con la realidad en el periodismo.

El filósofo Habermas afirma críticamente que información y opinión se dan entrelazados en el periodismo: “Los periódicos pasaron de ser meros lugares de publicación de noticias a ser también portadores y guías de la opinión pública, medios de lucha partidista. Lo que acarreó la siguiente consecuencia por lo que a la organización interna de la empresa periodística hace. La inserción de una nueva instancia entre la colección de noticias y su publicación: la redacción. Pero para el editor esto significaba que pasaba de ser un vendedor de noticias frescas a un comerciante de opinión pública”.

Para Habermas, la comunicación periodística produce en los ciudadanos una comprensión intersubjetiva casi homogénea del espacio social, capaz de crear lugares comunes. En opinión del filósofo alemán, el espacio social es, en un elevado porcentaje, producto de los medios.

Desconozco las razones que han llevado a los principales medios de este país a sembrar las sospechas sobre un sector que lucha cada día por atender, ayudar, acompañar -con enormes dificultades- a las personas más vulnerables y machacadas de nuestra sociedad. Un sector al que en España apoya menos de un 20% de la ciudadanía, frente a otros  países europeos como Francia (49%),  Reino Unido (55%), Austria (76%)  o Finlandia (78%). Nos queda mucho camino que recorrer en lo que a solidaridad y lucha por la justicia se refiere. Y la credibilidad y la confianza en las causas lo es todo.

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La fábula del Colibrí y el consumo responsable


Hace algunos días el conocido programa de ‘Salvados’ ha puesto de nuevo de actualidad un tema recurrente y bastante antiguo: la relación entre las extracciones de minerales para componente electrónicos para el primer mundo con la problemática de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, sobre todo violaciones y atentados contra la mujer, un verdadero “feminicidio” en países africanos.

He de decir que a mí personalmente el programa (eVictims) me pareció bastante flojo. Centrado sobre todo en la situación degradante que vive el Congo desde hace décadas, y eso sí, con un dramatismo terrible narrado en primera persona a través de las víctimas. Víctimas que son a su vez verdugos muchas de ellas, porque los chicos que violan y mutilan a las mujeres son a su vez niños de la guerra, robados, entrenados, drogados y manipulados para causar el horror.

Más allá de narrar esta cruda realidad, poco se trató de la procedencia del famoso coltán, un mineral compuesto por colombita y tantalita, de color negro o marrón muy oscuro, que se utiliza en microelectrónica, telecomunicaciones y en la industria aeroespacial y su relación con todos los aparatos electrónicos que tenemos en nuestras manos. Un halo de complicidad sutil recorría todo el programa, pero sin poner nombres y apellidos de las compañías que los utilizan y los terminales que lo llevan y, sobre todo, sin hablar de las alternativas.

Reconozco que de inicio tampoco esperaba mucho más del programa, pero lo que más me sorprendió, como otras tantas veces, es el desconocimiento de muchas personas de mi alrededor que era la primera vez que reparaban en algo así; la cadena de mensajes vía redes sociales que se formó ante la expectación del programa; los comentarios de sorpresa, y la indignación de muchas personas ante una información que nos parecía “desvelada” en este momento.

No es la primera vez que me pasa, que gente a mí alrededor concienciada y preocupada por el mundo se asombra ante estos conflictos. Otro tema recurrente sobre el que ya he escrito alguna vez es sobre la moda ética y la procedencia de todas las prendas que llevamos encima día tras día.

El primer paso es tomar conciencia de lo que somos, lo que vestimos, lo que gastamos, y las conexiones que todo ello tiene con el sufrimiento de miles de personas al otro lado del mundo.

No quiero decir con ello que el conocimiento se convierta en un cambio radical hacia el consumo responsable, pues a veces no es fácil por distintas razones: precio, dificultad de encontrar los productos, tiempo, conocimiento, veracidad, confianza. Pero sin lugar a dudas, el primer paso es tomar conciencia de lo que somos, lo que vestimos, lo que gastamos, y las conexiones que todo ello tiene con el sufrimiento de miles de personas al otro lado del mundo.

Solo el hecho de tomar conciencia nos lleva a un consumo más pausado, más razonado, y sobre todo más respetuoso. Un consumo consciente, que sin lugar a dudas, es el primer paso de un consumo responsable.

Pero esto del asombro iba en aumento y no quedó ahí. Ante la difusión que algunas personas hicimos, entre ellas yo, de una de las alternativas a estos móviles manchados de sangre, -el Fairphone, un teléfono de comercio justo que además de la procedencia de los minerales de zonas libres de conflicto asegura una mayor perdurabilidad del aparato, luchando contra la obsolescencia programada (que para los que no sepan tampoco qué es les insto ya a ver el documental Comprar, tirar, comprar), vende baterías de repuesto o no incluye cargador para minimizar la basura tecnológica-, cuál fue mi sorpresa al encontrarme con un artículo titulado Por qué comprar un Fairphone no va a cambiar el Congo.

Y como las cosas nunca suceden porque sí, justo estos días llegó a mí esta fábula que comparto para terminar este artículo, y que creo que habla por sí sola. Cada cual que saque sus conclusiones… y que actúe.

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La pesada etiqueta de la exclusión social


La quinta acepción de la Real Academia de la Lengua para “etiqueta” es “calificación estereotipada y simplificadora”. Nunca deja de sorprenderme la RAE con las últimas acepciones que golpean la realidad y no te dejan indiferente. Y te hacen pensar que detrás de quien elabora los propios diccionarios que marcan nuestra forma de expresarnos hay mucha intencionalidad.

Etiqueta: 1. Ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se debe guardar en actos públicos solemnes. 2. Ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares o en actos de la vida privada, a diferencia de los usos de confianza o familiaridad. 3. marbete (‖ etiqueta que se adhiere a algún objeto). 4. Pieza de papel, cartón u otro material semejante, generalmente rectangular, que se coloca en un objeto o en una mercancía para identificación, valoración, clasificación, etc.

Después de leer estos significados para la palabra “etiqueta” aparece en el diccionario está pequeña y última acepción cargada de sentido, al menos para el tema que hoy me hace reflexionar.

A José Luis se le llenaron los ojos de lágrimas al preguntarle, no sin intención, que significaba para él “la etiqueta”, es decir, esa “clasificación estereotipada y simplificadora” de la exclusión social, que los servicios sociales le han asignado.

A José Luis se le llenaron los ojos de lágrimas, y a mí con él. Es imposible no hacerlo si tienes una mínima capacidad empática y no subes los escudos al ver a un señor de unos 50 años, fuerte, que ha dedicado media vida a la profesión de albañil y la otra media a la recogida de naranja, padre de familia, marido… cómo se derrumba al hacerle esta pregunta.

“Es una etiqueta muy pesada”, me contesta. “Y sientes que te lo mereces”, añade. Lo cual me deja todavía más atónita. “¿Qué te lo mereces por qué, José Luis?” “No sé, por no haber estudiado más, por no estar mejor preparado”.

Por, por, por… sentimiento de culpabilidad es lo que sienten la mayoría de las personas que se encuentran sin empleo, y que tienen grandes dificultades para lograrlo, como José Luis. Personas que viven, como él mismo me cuenta, un infierno, por no poder pagar la luz, por estar a punto de perder su casa, por pensar que no va a poder pagarle la universidad a su hijo Alexander, para que no sienta esa culpa el día de mañana. Hoy es el único objetivo de José Luis y su motivación para conseguir un empleo.

A Alejandro le cambia la cara cuando le hago la misma pregunta. Se mantiene un poco más entero, lo que agradezco, porque estamos pasando ambos un mal rato, mientras se abre y me cuenta su historia sin conocerme de nada. “Sabes, -me explica- un día, poco antes de separarme de mi mujer, en la puerta de una iglesia, había un vagabundo tumbado en un banco, y le dije, no sé si algún día me veré en esa situación”.

“De ninguna manera Alejandro”, le espetó. “Ni se te pase por la cabeza. Tú tienes que salir adelante. Tienes recursos y nos tienes a nosotros”. Pero por desgracia cabe la posibilidad. Lleva ya ocho años sin encontrar un empleo, desde que el boom de la construcción hizo mella en su profesión, la de delineante.

José Luis y Alejandro tienen cosas en común. Ambos son padres. Ambos tienen más de 45 años. Ambos no tienen empleo. Ambos han tenido problemas familiares por ello; a Alejandro la situación le ha llevado a la separación. Jose Luis y su mujer, Mari, luchan contra ello. Ambos sienten una pesada carga, la de la etiqueta de la exclusión social. Una etiqueta que sólo nos sirve al resto para señalarles con el dedo, para buscar similitudes entre personas muy diferentes.

La madre inmigrante sin papeles que lucha sola por sacar adelante a su hija; la muchacha que ha sufrido violencia de género y trata de normalizar su vida; las familias monoparentales; el parado de larga duración; el chaval que las malas influencias le han llevado a un centro y quiere enderezar su vida, o la persona que ha tenido un problema con las drogas y mira hacia adelante. ¿Por qué necesitamos meterlos a todos bajo la misma etiqueta? ¿Por qué necesitamos una calificación estereotipada y simplificadora para vidas tan complejas que sólo tienen en común el deseo de luchar y salir hacia adelante?

Ojalá algún día hablemos solo de dignidad de las personas y el odioso Certificado de Exclusión Social, que hoy emiten los servicios sociales y que organizaciones como la nuestra necesitamos para conseguir una oferta de empleo bonificada en nuestras empresas colaboradoras, no sea más que un certificado de dignidad de las personas. Que las rentas mínimas de inserción sean rentas de ciudadanía, y las ayudas para la exclusión social, proyectos de mejora profesional, reciclado y segundas oportunidades.

Que el lenguaje sea un poco menos hostil. Como la vida misma.

Publicado en Compromiso Empresarial en octubre de 2016


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Empoderando para un mercado laboral precario


La lucha contra la precariedad social y económica no es reciente; en la Fundación Novaterra llevamos 25 años trabajando contra esta lacra. Si bien es cierto que siempre hay personas que quedan relegadas de la sociedad por diversas razones, la crisis económica empinó la rampa de la exclusión.

Nuestro objetivo es noble: mejorar la empleabilidad de estas personas, empoderarlas social y profesionalmente, llenar su mochila de habilidades básicas para enfrentarse al mercado laboral con éxito, y conseguir un empleo que les dignifique y les permita una vida autónoma e inclusiva.

Ahora bien, pese al noble objetivo, que justifica nuestro trabajo, nos encontramos ante un enorme dilema moral, y no sólo en nuestra organización. ¿Estamos empoderando personas para un mercado laboral precario? ¿Estamos preparando arduamente a la gente para conseguir trabajos que les van a hacer sufrir?

Hace poco dinamizadores de empleo, profesionales de trabajo social y psicología de Madrid reconocían a la prensa que las condiciones de las ofertas de trabajo llegan a tal nivel de precariedad que les provocaba “auténticas dudas morales” enviar a gente a estos puestos.

Contratos de una hora, un día, que además pueden hacer que pierdan, y muchos pierden sin saberlo, su condición de parado de larga duración con la que pueden acceder a algún tipo de ayuda, incluso renunciar a ayudas por estos contratos. Y enfrentarse al servicio de empleo que les castiga si renuncian a esa supuesta “oferta” de empleo.

Sectores precarios, como la hostelería, la limpieza, y últimamente un sector muy criticado, el de las camareras de piso de hotel. Sectores que son, sin embargo, a los que pueden aspirar las personas beneficiarias de nuestros proyectos, porque la vida no se lo ha puesto fácil, y no es fácil salir de esa rampa de la exclusión que cada vez se empina y resbala más.

En Novaterra buscamos empresas serias con las que trabajar, descartamos ofertas “piratas”, filtramos, asesoramos sobre los derechos y deberes de los trabajadores, sobre derechos sindicales, contratos laborales, y excesos que se pueden cometer, y que de hecho cometen algunas empresas.

Pero no siempre es suficiente. Hay que preparar a nuestra gente para más. Y lo soportan. Porque son fuertes, porque llevan años luchando, porque no quieren defraudarnos fallando o rechazando la oportunidad que con tanto esfuerzo les hemos brindado pero, sobre todo, porque no quieren defraudarse a ellos mismos, porque quieren salir, sentirse orgullosos de sí mismos.

Las camareras de piso: el ejemplo

Fruto de esa fortaleza ha nacido Laskellys.org. Un nombre que denota sentido de la realidad y una pizca de humor; ese saludable reírse de una misma, y que proviene, como dice el chiste, de “las que limpian”.

Estas mujeres fuertes y valientes crearon primero un grupo en Facebook, para denunciar y dar a conocer su precaria situación, y hoy han creado una asociación. Aguantan represalias, despidos y combaten el miedo. Mucho miedo. Ya hay grupos en Barcelona, Cádiz, Lanzarote y Madrid. Y han secundado el manifiesto en otros lugares como Benidorm, Fuerteventura y Mallorca.

Cuentan en el Facebook el acuerdo favorable con una gran cadena de hoteles: “Gran noticia para todas las camareras, para ir perdiendo miedo!!”, afirman. La lucha de estas camareras de piso en contra de la subcontratación, que hace que sus sueldos sean ridículos, se ha visto recompensada con que el establecimiento hotelero de lujo se haya comprometido a que este servicio, a partir del inicio de la temporada 2017, dejará de estar externalizado.

La externalización por parte de los hoteles de este servicio es la mayor problemática con la que se encuentran muchas de las camareras de piso en España. Ernest Cañada, investigador y comunicador, trata en su libro Las que limpian los hoteles esta problemática del sector turístico, que se remonta a la entrada en vigor de la reforma laboral en 2012.

El sector de las trabajadoras encargadas de limpiar y poner a punto las habitaciones representa el 30% de la plantilla de los hoteles y es uno de los más castigados por la reforma laboral y la precarización de las condiciones laborales, que conlleva salarios bajos (de hasta 2,5 euros la hora) y problemas de salud.

Según UGT-PV de acuerdo con el artículo 42 del Estatuto de los Trabajadores, estos puestos de trabajo no pueden ser subcontratados debido a que se consideran una actividad propia del hotel. Hacerlo, sin embargo, permite a las cadenas pagar un salario bruto de alrededor de 900 euros en lugar del de 1.500 que corresponde según el convenio.

La situación es tan extrema de llegar hasta el punto de hoteles que han subcontratado a otra empresa mujeres que tenían anteriormente en plantilla, viendo su salario mermado y sus condiciones empeorar.

Una situación que no se corresponde con los datos de ocupación y la mejora del sector. “Aumentan los beneficios hoteleros y las trabajadoras no vemos disminuida nuestra carga de trabajo, ni el número de habitaciones. ¿Porque no exigir que se pague un plus por camas en las habitaciones? No les cuesta lo mismo una habitación con dos camas que una o dos supletorias al cliente. Entonces ¿por qué nosotras las que limpiamos esas habitaciones debemos tener sobre nuestras espaldas doloridas sus beneficios sin exigir lo que es justo?”, se preguntan en el grupo de Facebook.

Sin duda nosotros tenemos claro del lado de quién estamos. Seguiremos empoderando a nuestra gente, y luchando contra la precariedad laboral.

Publicado en Compromiso Empresarial el 23 de septiembre