Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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La fábula del Colibrí y el consumo responsable


Hace algunos días el conocido programa de ‘Salvados’ ha puesto de nuevo de actualidad un tema recurrente y bastante antiguo: la relación entre las extracciones de minerales para componente electrónicos para el primer mundo con la problemática de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, sobre todo violaciones y atentados contra la mujer, un verdadero “feminicidio” en países africanos.

He de decir que a mí personalmente el programa (eVictims) me pareció bastante flojo. Centrado sobre todo en la situación degradante que vive el Congo desde hace décadas, y eso sí, con un dramatismo terrible narrado en primera persona a través de las víctimas. Víctimas que son a su vez verdugos muchas de ellas, porque los chicos que violan y mutilan a las mujeres son a su vez niños de la guerra, robados, entrenados, drogados y manipulados para causar el horror.

Más allá de narrar esta cruda realidad, poco se trató de la procedencia del famoso coltán, un mineral compuesto por colombita y tantalita, de color negro o marrón muy oscuro, que se utiliza en microelectrónica, telecomunicaciones y en la industria aeroespacial y su relación con todos los aparatos electrónicos que tenemos en nuestras manos. Un halo de complicidad sutil recorría todo el programa, pero sin poner nombres y apellidos de las compañías que los utilizan y los terminales que lo llevan y, sobre todo, sin hablar de las alternativas.

Reconozco que de inicio tampoco esperaba mucho más del programa, pero lo que más me sorprendió, como otras tantas veces, es el desconocimiento de muchas personas de mi alrededor que era la primera vez que reparaban en algo así; la cadena de mensajes vía redes sociales que se formó ante la expectación del programa; los comentarios de sorpresa, y la indignación de muchas personas ante una información que nos parecía “desvelada” en este momento.

No es la primera vez que me pasa, que gente a mí alrededor concienciada y preocupada por el mundo se asombra ante estos conflictos. Otro tema recurrente sobre el que ya he escrito alguna vez es sobre la moda ética y la procedencia de todas las prendas que llevamos encima día tras día.

El primer paso es tomar conciencia de lo que somos, lo que vestimos, lo que gastamos, y las conexiones que todo ello tiene con el sufrimiento de miles de personas al otro lado del mundo.

No quiero decir con ello que el conocimiento se convierta en un cambio radical hacia el consumo responsable, pues a veces no es fácil por distintas razones: precio, dificultad de encontrar los productos, tiempo, conocimiento, veracidad, confianza. Pero sin lugar a dudas, el primer paso es tomar conciencia de lo que somos, lo que vestimos, lo que gastamos, y las conexiones que todo ello tiene con el sufrimiento de miles de personas al otro lado del mundo.

Solo el hecho de tomar conciencia nos lleva a un consumo más pausado, más razonado, y sobre todo más respetuoso. Un consumo consciente, que sin lugar a dudas, es el primer paso de un consumo responsable.

Pero esto del asombro iba en aumento y no quedó ahí. Ante la difusión que algunas personas hicimos, entre ellas yo, de una de las alternativas a estos móviles manchados de sangre, -el Fairphone, un teléfono de comercio justo que además de la procedencia de los minerales de zonas libres de conflicto asegura una mayor perdurabilidad del aparato, luchando contra la obsolescencia programada (que para los que no sepan tampoco qué es les insto ya a ver el documental Comprar, tirar, comprar), vende baterías de repuesto o no incluye cargador para minimizar la basura tecnológica-, cuál fue mi sorpresa al encontrarme con un artículo titulado Por qué comprar un Fairphone no va a cambiar el Congo.

Y como las cosas nunca suceden porque sí, justo estos días llegó a mí esta fábula que comparto para terminar este artículo, y que creo que habla por sí sola. Cada cual que saque sus conclusiones… y que actúe.

Lee el final del artículo en Compromiso Empresarial 

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La pesada etiqueta de la exclusión social


La quinta acepción de la Real Academia de la Lengua para “etiqueta” es “calificación estereotipada y simplificadora”. Nunca deja de sorprenderme la RAE con las últimas acepciones que golpean la realidad y no te dejan indiferente. Y te hacen pensar que detrás de quien elabora los propios diccionarios que marcan nuestra forma de expresarnos hay mucha intencionalidad.

Etiqueta: 1. Ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se debe guardar en actos públicos solemnes. 2. Ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares o en actos de la vida privada, a diferencia de los usos de confianza o familiaridad. 3. marbete (‖ etiqueta que se adhiere a algún objeto). 4. Pieza de papel, cartón u otro material semejante, generalmente rectangular, que se coloca en un objeto o en una mercancía para identificación, valoración, clasificación, etc.

Después de leer estos significados para la palabra “etiqueta” aparece en el diccionario está pequeña y última acepción cargada de sentido, al menos para el tema que hoy me hace reflexionar.

A José Luis se le llenaron los ojos de lágrimas al preguntarle, no sin intención, que significaba para él “la etiqueta”, es decir, esa “clasificación estereotipada y simplificadora” de la exclusión social, que los servicios sociales le han asignado.

A José Luis se le llenaron los ojos de lágrimas, y a mí con él. Es imposible no hacerlo si tienes una mínima capacidad empática y no subes los escudos al ver a un señor de unos 50 años, fuerte, que ha dedicado media vida a la profesión de albañil y la otra media a la recogida de naranja, padre de familia, marido… cómo se derrumba al hacerle esta pregunta.

“Es una etiqueta muy pesada”, me contesta. “Y sientes que te lo mereces”, añade. Lo cual me deja todavía más atónita. “¿Qué te lo mereces por qué, José Luis?” “No sé, por no haber estudiado más, por no estar mejor preparado”.

Por, por, por… sentimiento de culpabilidad es lo que sienten la mayoría de las personas que se encuentran sin empleo, y que tienen grandes dificultades para lograrlo, como José Luis. Personas que viven, como él mismo me cuenta, un infierno, por no poder pagar la luz, por estar a punto de perder su casa, por pensar que no va a poder pagarle la universidad a su hijo Alexander, para que no sienta esa culpa el día de mañana. Hoy es el único objetivo de José Luis y su motivación para conseguir un empleo.

A Alejandro le cambia la cara cuando le hago la misma pregunta. Se mantiene un poco más entero, lo que agradezco, porque estamos pasando ambos un mal rato, mientras se abre y me cuenta su historia sin conocerme de nada. “Sabes, -me explica- un día, poco antes de separarme de mi mujer, en la puerta de una iglesia, había un vagabundo tumbado en un banco, y le dije, no sé si algún día me veré en esa situación”.

“De ninguna manera Alejandro”, le espetó. “Ni se te pase por la cabeza. Tú tienes que salir adelante. Tienes recursos y nos tienes a nosotros”. Pero por desgracia cabe la posibilidad. Lleva ya ocho años sin encontrar un empleo, desde que el boom de la construcción hizo mella en su profesión, la de delineante.

José Luis y Alejandro tienen cosas en común. Ambos son padres. Ambos tienen más de 45 años. Ambos no tienen empleo. Ambos han tenido problemas familiares por ello; a Alejandro la situación le ha llevado a la separación. Jose Luis y su mujer, Mari, luchan contra ello. Ambos sienten una pesada carga, la de la etiqueta de la exclusión social. Una etiqueta que sólo nos sirve al resto para señalarles con el dedo, para buscar similitudes entre personas muy diferentes.

La madre inmigrante sin papeles que lucha sola por sacar adelante a su hija; la muchacha que ha sufrido violencia de género y trata de normalizar su vida; las familias monoparentales; el parado de larga duración; el chaval que las malas influencias le han llevado a un centro y quiere enderezar su vida, o la persona que ha tenido un problema con las drogas y mira hacia adelante. ¿Por qué necesitamos meterlos a todos bajo la misma etiqueta? ¿Por qué necesitamos una calificación estereotipada y simplificadora para vidas tan complejas que sólo tienen en común el deseo de luchar y salir hacia adelante?

Ojalá algún día hablemos solo de dignidad de las personas y el odioso Certificado de Exclusión Social, que hoy emiten los servicios sociales y que organizaciones como la nuestra necesitamos para conseguir una oferta de empleo bonificada en nuestras empresas colaboradoras, no sea más que un certificado de dignidad de las personas. Que las rentas mínimas de inserción sean rentas de ciudadanía, y las ayudas para la exclusión social, proyectos de mejora profesional, reciclado y segundas oportunidades.

Que el lenguaje sea un poco menos hostil. Como la vida misma.

Publicado en Compromiso Empresarial en octubre de 2016


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Empoderando para un mercado laboral precario


La lucha contra la precariedad social y económica no es reciente; en la Fundación Novaterra llevamos 25 años trabajando contra esta lacra. Si bien es cierto que siempre hay personas que quedan relegadas de la sociedad por diversas razones, la crisis económica empinó la rampa de la exclusión.

Nuestro objetivo es noble: mejorar la empleabilidad de estas personas, empoderarlas social y profesionalmente, llenar su mochila de habilidades básicas para enfrentarse al mercado laboral con éxito, y conseguir un empleo que les dignifique y les permita una vida autónoma e inclusiva.

Ahora bien, pese al noble objetivo, que justifica nuestro trabajo, nos encontramos ante un enorme dilema moral, y no sólo en nuestra organización. ¿Estamos empoderando personas para un mercado laboral precario? ¿Estamos preparando arduamente a la gente para conseguir trabajos que les van a hacer sufrir?

Hace poco dinamizadores de empleo, profesionales de trabajo social y psicología de Madrid reconocían a la prensa que las condiciones de las ofertas de trabajo llegan a tal nivel de precariedad que les provocaba “auténticas dudas morales” enviar a gente a estos puestos.

Contratos de una hora, un día, que además pueden hacer que pierdan, y muchos pierden sin saberlo, su condición de parado de larga duración con la que pueden acceder a algún tipo de ayuda, incluso renunciar a ayudas por estos contratos. Y enfrentarse al servicio de empleo que les castiga si renuncian a esa supuesta “oferta” de empleo.

Sectores precarios, como la hostelería, la limpieza, y últimamente un sector muy criticado, el de las camareras de piso de hotel. Sectores que son, sin embargo, a los que pueden aspirar las personas beneficiarias de nuestros proyectos, porque la vida no se lo ha puesto fácil, y no es fácil salir de esa rampa de la exclusión que cada vez se empina y resbala más.

En Novaterra buscamos empresas serias con las que trabajar, descartamos ofertas “piratas”, filtramos, asesoramos sobre los derechos y deberes de los trabajadores, sobre derechos sindicales, contratos laborales, y excesos que se pueden cometer, y que de hecho cometen algunas empresas.

Pero no siempre es suficiente. Hay que preparar a nuestra gente para más. Y lo soportan. Porque son fuertes, porque llevan años luchando, porque no quieren defraudarnos fallando o rechazando la oportunidad que con tanto esfuerzo les hemos brindado pero, sobre todo, porque no quieren defraudarse a ellos mismos, porque quieren salir, sentirse orgullosos de sí mismos.

Las camareras de piso: el ejemplo

Fruto de esa fortaleza ha nacido Laskellys.org. Un nombre que denota sentido de la realidad y una pizca de humor; ese saludable reírse de una misma, y que proviene, como dice el chiste, de “las que limpian”.

Estas mujeres fuertes y valientes crearon primero un grupo en Facebook, para denunciar y dar a conocer su precaria situación, y hoy han creado una asociación. Aguantan represalias, despidos y combaten el miedo. Mucho miedo. Ya hay grupos en Barcelona, Cádiz, Lanzarote y Madrid. Y han secundado el manifiesto en otros lugares como Benidorm, Fuerteventura y Mallorca.

Cuentan en el Facebook el acuerdo favorable con una gran cadena de hoteles: “Gran noticia para todas las camareras, para ir perdiendo miedo!!”, afirman. La lucha de estas camareras de piso en contra de la subcontratación, que hace que sus sueldos sean ridículos, se ha visto recompensada con que el establecimiento hotelero de lujo se haya comprometido a que este servicio, a partir del inicio de la temporada 2017, dejará de estar externalizado.

La externalización por parte de los hoteles de este servicio es la mayor problemática con la que se encuentran muchas de las camareras de piso en España. Ernest Cañada, investigador y comunicador, trata en su libro Las que limpian los hoteles esta problemática del sector turístico, que se remonta a la entrada en vigor de la reforma laboral en 2012.

El sector de las trabajadoras encargadas de limpiar y poner a punto las habitaciones representa el 30% de la plantilla de los hoteles y es uno de los más castigados por la reforma laboral y la precarización de las condiciones laborales, que conlleva salarios bajos (de hasta 2,5 euros la hora) y problemas de salud.

Según UGT-PV de acuerdo con el artículo 42 del Estatuto de los Trabajadores, estos puestos de trabajo no pueden ser subcontratados debido a que se consideran una actividad propia del hotel. Hacerlo, sin embargo, permite a las cadenas pagar un salario bruto de alrededor de 900 euros en lugar del de 1.500 que corresponde según el convenio.

La situación es tan extrema de llegar hasta el punto de hoteles que han subcontratado a otra empresa mujeres que tenían anteriormente en plantilla, viendo su salario mermado y sus condiciones empeorar.

Una situación que no se corresponde con los datos de ocupación y la mejora del sector. “Aumentan los beneficios hoteleros y las trabajadoras no vemos disminuida nuestra carga de trabajo, ni el número de habitaciones. ¿Porque no exigir que se pague un plus por camas en las habitaciones? No les cuesta lo mismo una habitación con dos camas que una o dos supletorias al cliente. Entonces ¿por qué nosotras las que limpiamos esas habitaciones debemos tener sobre nuestras espaldas doloridas sus beneficios sin exigir lo que es justo?”, se preguntan en el grupo de Facebook.

Sin duda nosotros tenemos claro del lado de quién estamos. Seguiremos empoderando a nuestra gente, y luchando contra la precariedad laboral.

Publicado en Compromiso Empresarial el 23 de septiembre


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Un no rotundo al trabajo que no hace feliz


Estoy viviendo una de las etapas más felices de mi vida y la causa tiene que mucho que ver con mi trabajo. Ahora que estamos volviendo de vacaciones la mayoría, es buen momento para reflexionar sobre el modelo de trabajo actual más generalizado, al menos en España, y las posibilidades de hacerlo de otra forma.

No tengo horario de entrada ni de salida. Yo me organizo. Si un día se me pegan las sábanas y no tengo nada importante a primera hora, pues remoloneo un poco más en la cama y salgo feliz.

De hecho otra de las cosas que me encanta es ir un poquito más tarde. Porque a las nueve de la mañana todos los infantes de este país entran al cole y sus papás y mamás se van a trabajar. Y se forman unas colas horribles de tráfico, donde ves a la gente con sus caras de sueño en sus coches. Y yo llego feliz unos minutitos más tarde de que todo eso haya pasado. Otra pequeña cosa que me genera felicidad.

Los lunes almorzamos todo el equipo junto. El vicepresidente lleva bocadillos. Los que tenemos huerta compartimos a veces fruta. Siempre hay variedad, risas, y no hay prisa. Solemos hacer un almuerzo largo. ¡Sólo los lunes! Nadie piense que esto es una fiesta. Pero nos encanta empezar la semana juntos, contarnos el finde, reírnos, o llorar si ha sido triste. También compartimos las penas.

En mi trabajo nos ocupamos de una causa dura y seria: atender a personas que tienen una situación la mayoría de las veces dramática. Personas sin empleo, con dificultades para encontrar uno, con escasos recursos, a veces sin hogar, sin luz, sin las cosas más básicas, incluso a veces sin la custodia de sus hijos e hijas por esta situación.

Por eso el equipo tiene que estar fuerte, radiante, entero, feliz. Para ser su hombro y su apoyo. Pero esto no es exclusivo de nuestro trabajo. La mayoría de ellos desempeñan tareas igual de difíciles, complejas y arduas, que necesitan equipos al 100%.

Mi trabajo no es cosa rara. Sí, es verdad que tenemos una causa noble, que somos una empresa sin ánimo de lucro, si se quiere, pero ¡sin ánimo de pérdida! Los números tienen que salir. Pero lo que hacemos en mi trabajo, se puede hacer en cualquier otro. Y genera felicidad, bienestar, alegría, tranquilidad, paz, entusiasmo e ilusión.

En mi trabajo no hay horarios rígidos, ni demasiadas reglas, ni corsés, ni control, porque todos y todas sabemos lo que debemos hacer, cuáles son nuestras responsabilidades, a qué nos debemos, qué ocurre si faltamos al deber, cuáles son las consecuencias, y cuáles los beneficios de nuestra labor.

En mi trabajo hay pasión pura por lo que hacemos. Todo el equipo la siente. Todo es tarea de todos. Nadie se desentiende si hay algo importante que atender. Esto a veces te quita tiempo de tu foco. Pero el esfuerzo siempre es recompensado cuando necesitas que alguien te eche una mano y arrime el hombro. Porque siempre, siempre, hay alguien dispuesto.

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Los pormenores de la Ley de RSC Valenciana


Fruto de un año de trabajo de la recién creada Conselleria de Transparencia, Responsabilidad Social y Participación y Cooperación de la Generalitat Valenciana, se acaba de presentar el Anteproyecto de Ley para el Fomento de la Responsabilidad Social a debate público, en el que cualquier persona puede participar a través de su portal web.

Josep Ochoa, director general RSE Valencia

El documento parte de una serie de conceptos básicos: la definición de RSE según el Libro Verde de la Comisión Europea, la Ley de Economía Sostenible, la Ley de Transparencia, Buen Gobierno y Participación, etc.

Sin embargo, prefiere optar por una definición de responsabilidad social propia: “Conjunto de compromisos de diverso orden, económico, social y ambiental adoptados por las empresas, las organizaciones e instituciones públicas y privadas, que constituyen un valor añadido al cumplimiento de la legislación aplicable y de los convenios colectivos, contribuyendo a la vez al progreso social y económico en el marco de un desarrollo sostenible”.

Entrando ya en materia, el primer apartado es el dedicado al fomento y planificación de la RSE. En este aspecto el anteproyecto de ley no parece desarrollar ninguna acción concreta susceptible de ser regulada, como se espera de una ley. Se habla sin embargo de “desarrollar campañas informativas sobre qué es la RSE”; de la “incorporación de la RSE en los programas formativos de la educación obligatoria”, algo muy interesante pero sobre lo que no se detalla más al respecto, o de “información dirigida a los consumidores sobre el consumo cívico o responsable”.

Este primer título se completa con otra serie de artículos inicialmente superficiales sobre el fomento del turismo sostenible, la promoción de la utilización del etiquetado que acredite la RSE (cuestión que no parece que pueda depender de una administración local), las políticas inclusivas o la responsabilidad social en el empleo.

El título segundo es el dedicado a la responsabilidad social en las administraciones públicas.

Llama la atención la frase “la Administración está sujeta a la Ley y al Derecho como disponen los artículos 9.1 y 103.1 de la Constitución Española, y debe ser por ello ante todo legalmente responsable, pero nada impide que en aquellos ámbitos de la acción pública en los que no sufra el principio de legalidad, las Administraciones Públicas y sus Entes Institucionales hagan suyos también las exigencias de la responsabilidad social”.

Es un tema recurrente, tanto en las exposiciones públicas de los responsables del anteproyecto de ley como en el texto escrito hacer referencia a estas supuestas posibles “incompatibilidades” entre la ley y la responsabilidad social.

Este apartado es algo más concreto y destaca el aspecto que tiene que ver con el uso de la “contratación pública como instrumento estratégico para incorporar criterios sociales, ambientales, éticos […] en los pliegos de contratación”.

A este respecto el anteproyecto de ley recoge la forma de la “reserva”. Así establece “que los órganos de contratación reservarán la participación en el proceso de adjudicación de determinados contratos de obras, suministros y servicios a centros especiales de empleo, empresas de inserción y entidades sin ánimo de lucro, cuyo objetivo principal sea apoyar la integración social y profesional o la reintegración de personas con diversidad funcional”. Aunque todavía no se detalla la cantidad de reserva ni los criterios a tener en cuenta para la concurrencia.

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Tiempo de ocio, tiempo de solidaridad


¿Está reñida la solidaridad con pasarlo bien? Cuando se piensa en ser solidario, en la justicia social, en las desigualdades, en la pobreza, en tantas causas que nos mueven, siempre se tiende a pensar en la lucha, en las manifestaciones, en la protesta, en dar a conocer el daño que hay a nuestro alrededor y luchar contra él.

I Correcaminata Solidaria de Fundación Novaterra.

Este enfoque se traslada a las campañas de captación de fondos de las grandes organizaciones: mostrar la injusticia para empatizar con la causa y hacerle frente sumando esfuerzos.

Hay un lado de la solidaridad combativa y reivindicativa, así es. Pero la solidaridad también puede ser divertida, alegre, incluso parte de nuestro ocio. De hecho rodeados de tanta injusticia y malas noticias, a veces necesitamos un soplo de alegría para empatizar con una causa, más allá de la cruda realidad.

El filósofo griego Aristóteles defendía el ocio como “el principio de todas las cosas” en cuanto servía para lograr el fin último del hombre que es la felicidad.

La concepción del ocio clásico tenía que ver con un componente esencial en la vida de las personas. Un ocio que tiene que ver con las aficiones, con el estar con uno mismo y a la vez con los otros, que tiene que ver con el estilo de vida, con la pertenencia a un grupo social, con el tiempo libre y con la relación con los otros.

El ocio se relaciona con querer hacer algo y con la satisfacción de determinadas necesidades y deseos. El ocio solidario satisface en muchas ocasiones una doble necesidad: la de una actividad placentera y a la vez el deseo de ser solidarios o ayudar con algo que nos gusta hacer y nos produce placer.

Una de las actividades que más está triunfando últimamente y que une ocio, solidaridad y deporte es el running solidario. Todos los fines de semana miles de corredores y corredoras salen a la calle para practicar su deporte favorito por una buena causa. Una doble motivación, correr, pero además con un fin solidario, que genera endorfinas físicas y endorfinas sociales.

Hace unas semanas nos embarcamos en esta aventura en la Fundación Novaterra organizando nuestra I Correcaminata Solidaria. Fuimos ambiciosos, porque queríamos organizar mucho más que una carrera: una fiesta en todos los sentidos que aunara, deporte, naturaleza, familia, inclusión y solidaridad.

Desde estas bases cuidamos todos los detalles: desde los trofeos sostenibles de cartón reciclado; una bolsa del corredor de algodón orgánico con productos ecológicos y saludables; la colaboración de varias perreras de la ciudad que pasearon sus perros; corredores de organizaciones de personas con discapacidad… Una caminata, en definitiva, para todos los públicos, que hicieron juntos familias completas, y uniendo dos barrios muy distintos como son La Coma y Mas del Rosari en Paterna. Un barrio marginal y un barrio de lujo separados por apenas una calle.

No queríamos hacer una carrera para recaudar fondos. Queríamos que fuera una experiencia de ocio solidario única.

Otra de las características interesantes de esta nueva actividad fue la activación del voluntariado juvenil, algo fundamental para Novaterra. Más de 80 voluntarios/as, en su mayoría gente joven, acudieron a la cita; una buena oportunidad para acercarse gracias al ocio y el deporte a una organización como la nuestra. También tuvimos presencia de voluntariado corporativo de alguna empresa.

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¿Una palabra para el tercer RSEncuentro? Magia


“El primer camino se suponía que iba a ser el último”. Gerardo nos enseñó tanto en tan poco tiempo. A vivir la vida con enorme plenitud, a afrontar los retos que te sobrevienen, a ilusionar a otras personas en el camino, en tu camino, y a sumar al camino a “otros amigos con problemas”
¿Una palabra para el tercer RSEncuentro? Magia

Los retos de Gerardo fueron muchos desde el inicio. Nació sordo. Nació ciego. Va en silla de ruedas. Todos estos retos no le limitaron a cruzarse en el camino con Javier, y a plantearse el reto juntos, no sé quién lo propuso a quién…de hacer el camino de Santiago. “El camino es lo de menos”, destaca Javier. Lo importante es la preparación, el trabajo durante todo ese tiempo, los valores de superación, el compartir, el habernos encontrado.

Empezaron creyendo que sería un único camino. Pero al llegar a la meta, a su destino, a los pies del apóstol, Gerardo aseveró, con la energía y fuerza que le caracterizan, “ahora a ayudar a otrosamig@s con problemas a hacer el camino”. Y los dejo sin palabras. Y a ello se pusieron. Y así nació Discamino.

Esta es solo una de las 100 historias, proyectos y personas que durante estos tres maravillosos días nos hemos encontrado en Santiago de Compostela en el III RSEncuentro liderado  colaborativamente de una manera maravillosa, fructífera y emocionante, por Noelia y Pilar de In The Move.

Una de las 100 historias de este año, que sumadas a las dos primeras ediciones hacen ya más de 300 personas que forman parte de esta comunidad de #frikiloversdelasRSE que están transformando el mundo desde su día a día, desde su convicción y su responsabilidad personal y profesional, porque no sólo creen que otro mundo es posible, si no que han comprobado que se pueden cambiar las cosas, y que existen proyectos increíbles, como Discamino.

Proyectos que son “empresas”, empresas reales, las empresas que queremos. Porque una empresa es “una acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo”. Esta es la primera acepción que da la Real Academia Española de la lengua. Y de éstas hemos visto muchos ejemplos en el encuentro.

Una empresa es “un intento o designio  de hacer algo”. Es también “un símbolo o figura que alude a lo que se intenta conseguir”.  Y es “una unidad de organización dedicada a actividades industriales mercantiles o de prestación de servicios”. Solo en esta última acepción introduce la RAE, en última instancia, tres palabras: “con fines lucrativos”. Y estos fines lucrativos parecen haber fagocitado todo el sentido y significado de la palabra empresa.

Desde el RSEncuentro queremos recuperar la palabra empresa, su esencia, y trabajamos porque estas empresas reales recuperen su lugar en el mundo y destierren proyectos estériles e inertes que no crean nada, que no producen riqueza, que no generan felicidad.

La responsabilidad social, la ética, la sostenibilidad, el emprendimiento social, la innovación social, no son parches, no son “la” alternativa, la hermana buena del capitalismo salvaje. Han venido para quedarse, para desterrar a los “no sé ni cómo llamarlos”, porque no quiero, no debemos consentir, que se apropien del sentido de la empresa y de la economía en general.

Somos muchas y muchos, cada vez más. Y nos estamos uniendo. Y estamos aprendiendo a trabajar juntas y juntos, porque no es fácil. Y estamos aprendiendo a dejar los egos colgados en la puerta.  Que tampoco es fácil. Y a trabajar por el nosotr@s, por el bien común.

Magia pura han sido estos tres RSEncuentros. O química si se quiere. Pero química natural, sin artificios. Como aquellas meigas, mujeres sabias y preocupadas por el prójimo, mujeres malentendidas y perseguidas cuando llegó la ciencia, que preparaban en sus calderos esas pócimas sanadoras que quitaban los dolores de sus congéneres con las ramas del sauce, de la que se extrae el famoso ácido salicílico, usado hoy en todos los famosos analgésicos.

Dentro de las magníficas dinámicas preparadas con tanto esmero por las dinamizadoras Pilar y Noelia los participantes definimos en una palabra lo que este RSEncuentro ha significado para cada una de las personas que lo hemos vivido. La mía ya la sabéis: magia.

Pero todavía aún me emociono al recordar las vuestras…y veo vuestras caras al sujetar ese vaso que simbolizaba que era vuestro momento, porque todos éramos protagonistas, y decir la vuestra, lo que ha supuesto en vuestro camino.

RSEncuentro es: inspirador, es sorprendente, es participación, es friki, pero friki bueno, es inteligencia colectiva, juventud de ideas, innovación, tremendamente motivador, es ilusión, muy sorprendente, es aprendizaje, es emotivo pero real, es optimismo. Es la satisfacción de ver tanta gente trabajando por un mundo mejor, es compartir, es nutritivo a nivel mental y emocional. Es atrevimiento, sabiduría, esperanza, generosidad, motivación. Es emoción. Es amistad, ilusión y pasión. Es sinergia, es profesionalidad. Es encuentro. Es un sueño hecho realidad.

Yo también en algún momento al iniciar el camino pensé que era el último camino. Hoy tengo la firme convicción de que no es así. De que no hay quien nos pare.

De que seguimos.

Nos vemos en Valencia, para la #primaveradelaRSE, en el IV RSEncuentro… En camino.