Ser Responsable

…Y no morir en el intento


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Neuroliderazgo: no es el futuro, es el presente


Primero fue el neuromarketing, con la aplicación de los avances neuronales a la disciplina de la mercadotecnia. Luego llegó la neuroética de la mano de pensadores como Adela Cortina, porque todos estos avances indudablemente hacían necesario un replanteamiento de las implicaciones morales y los límites a la innovación.

La neurociencia, en los últimos años, ha aportado descubrimientos aplicables a la educación, la psicología, la medicina, la economía, el marketing, y también al liderazgo, entre otras disciplinas.

Más que una moda, es un tema de actualidad que ha venido para quedarse. Y que ha desmentido muchas creencias arraigadas durante años.

Ahora el neuroliderazgo, o lo que es lo mismo, la neurociencia en la gestión de personas, está revolucionando no sólo la manera de hacer empresa, sino también de relacionarnos entre los seres humanos.

Partiendo de comprender cómo funciona el cerebro, su anatomía y su fisiología, el neuroliderazgo intenta definir la base neuronal del liderazgo y de la gestión de las personas. La conducta, la toma de decisiones, la motivación, la inteligencia emocional, la forma de relacionarse con otros, la inteligencia y aprendizaje individual y organizacional son aspectos que tiene que tomar en cuenta un buen líder.

Un cambio de paradigma cuyos avances se están dando a conocer y aplicando a pasos acelerados. Descubrimientos sobre el comportamiento del cerebro que nos ayudan a entendernos, pero sobre todo, a entender a las generaciones más jóvenes, y su manera de relacionarse con el entorno profesional. Retos a los que los nuevos líderes se enfrentan ya en el presente para lograr que las personas logren su máximo potencial en el futuro de la mano del desarrollo de la propia organización.

Conocíamos la generación X, la Y, hasta estábamos empezando a conocer la generación millennial de las personas nacidas en los años 80 del siglo pasado, cuando de repente nos asalta la generación C. Un concepto acuñado por IBM para referirse a los nuevos consumidores, conectados, que colaboran, comparten, etc. La generación del convivir, de la creatividad; la generación del Youtube. Una generación que, a diferencia de las anteriores, no se encuentra asociada con una edad, sino con una forma de ser, una actitud y unos valores, aunque el 85% sean millennials, de momento.

Una generación a la que además motiva la honestidad y la integridad. Que ve el mundo lleno de posibilidades. Nómadas del conocimiento que buscan algo que les apasione a lo que dedicar su vida, en un corto o medio plazo. Porque no se ven en la misma empresa de aquí a cinco años;, lo que deja al liderazgo en una situación muy vulnerable.

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El plato más solidario del sector hostelero


Tanto ‘Top Chef’, ‘Masterchef’, ‘El Xef’ y un largo etcétera de ‘realities’ televisivos nos han acercado más al ego y la personalidad de algunos personajes que a la profesión en sí de un sector que va mucho más allá del personaje que orquesta la gran ceremonia del comer y beber.

Lorena Torres logró su puesto de camarera a través de Novaterra.

“Javier, Yvonne, Juanjo, Raquel, Ricardo, Edurne, Abel, Manuel, Miguel, Alberto, Guille, José Antonio… Didier.  La mise en place, las reservas, saber cómo reaccionar ante la llegada de un cliente, torear una mala cara, ofrecer el aperitivo, las cartas, apuntar bien una comanda, moverse sin ser visto, pero siempre estar presente, bucear por los platos sólo hasta donde reclaman, saber quién es quién pero tratar a todos bien, mimar sin acariciar, confraternizar sin exagerar, coordinar tiempos, servir en tiempo, olvidarte del tiempo, ser un genio de los gestos y quitar y poner cubiertos, copas, restos… como si fueran hijos del viento. Son los maestros de la sala y  los que con ellos bailan. Ese ballet diario que es el servicio de un restaurante de alta gama (o no tanto)”.

Con estas bellísimas palabras inicia el periodista y bloguero Jesús Trelis su última historia con delantal, que pone en valor la profesión de la gente de sala.

Será porque me encanta comer, o disfrutar de una buena cena compartiendo conversación con buenos amigos; será porque me gusta fijarme en cada detalle, sentir, oler, ver… cada plato, cada color, cada textura; será porque me gusta ponerme en el lugar de quien con tanto mimo preparó esa receta para ser degustada y disfrutada, observo con asombro los valores de la profesión de hostelería.

Pues los profesionales del sector son grandes anfitriones: nos acogen su casa, a su mesa y de buen grado comparten lo suyo. Molière, en la obra de teatro llamada El anfitrión, afirma que el verdadero anfitrión “es aquel que nos da de cenar”. Cada día miles de personas nos dan de comer y de cenar en sus restaurantes como si fuéramos uno más a sus mesas. Y disfrutan viéndonos disfrutar con lo que han preparado para nosotros.

La hostelería es gratitud. Un sector que trabaja cuando todos descansamos. Que come a deshora para darnos de comer en hora, que trabaja festivos, domingos, jornadas partidas. Para el disfrute y celebración de los comensales en sus días de fiesta y momentos de descanso.

La hostelería es armonía, ensamblaje de tantas piezas del engranaje que no se ven para que todo salga perfecto en cada servicio, bien sea una comida rápida y eficiente de negocios o una cena romántica de dos enamorados que celebran décadas juntos. Desde el friegue, vital para que un restaurante funcione, hasta el jefe de sala, desde el cocinero o cocinera, hasta los pinches que pelan, fríen, saltean o emplatan.

La hostelería es paciencia, porque los buenos platos se cocinan a fuego lento, un bocado que cuesta horas de concebir y realizar y se esfuma en un segundo. Paciencia con los comensales, que no siempre valoran tu trabajo, tu entrega, tu esfuerzo. Implacables a veces ante un error y crueles con las críticas públicas en redes sociales o el temido TripAdvisor donde se despachan a gusto, sin tener en cuenta las consecuencias ni el dolor que ocasionan a quién trataba de ser un buen anfitrión.

La hostelería es arte, porque ir a un buen restaurante no es solo comer, es disfrutar de un arte que se observa en cada plato, una obra creativa que un equipo ha pensado, probado, investigado, innovado, para ti, y que se desenvuelve en varios actos, hasta el pasaje final de los postres, licores y la sobremesa.

Y la hostelería es solidaridad. Hace ya tres años que descubrí una faceta asombrosa del sector, que es la solidaridad. Es algo muy habitual que los profesionales de la hostelería hayan empezado desde abajo. Muchos de ellos han caído para volver a ponerse en pie; lo han arriesgado todo, y lo han perdido. Saben lo que es el sacrificio, el sufrimiento. Y lo difícil de las segundas oportunidades y de volver a empezar.

Son gente trabajadora, empática, saben ponerse en el lugar del otro. Y les encanta colaborar con lo que saben hacer, generando esas segundas oportunidades para gente que no lo ha tenido fácil, que quiere reinventarse, empezar desde abajo, y sin perder la esperanza de volver a ser alguien importante en el engranaje del sistema.

Más de 40 empresas del sector se han sumado ya a la Gastronomía Solidaria en Valencia. A lo largo del año numerosas personas y empresas participan con la Fundación Novaterra para promover la inserción sociolaboral: con apoyo económico como empresas socias; sufragando los gastos de la formación y empoderamiento de los profesionales del futuro; ofreciendo masterclass solidarias; acogiendo gente en prácticas no laborables en sus locales y enseñándoles lo mejor de cada casa; ofreciendo oportunidades de empleo a nuestros estudiantes… Y que no siempre sale bien a la primera, porque trabajamos con personas que han sufrido mucho, y a las que a veces no les resulta fácil salir del agujero.

Pero confían en nosotros, o mejor dicho, en ellos. Y suceden cosas maravillosas. Como Lorena, que llegó a Novaterra con un bebé de apenas meses y una situación muy delicada, y tras un curso de ayudante de sala y unas prácticas maravillosas en Bierwinkel, empresa colaboradora de la Fundación desde hace años, ha estado dos años trabajando con ellos. Hoy sigue su carrera en uno de los restaurantes de Quique Dacosta, mejorando como profesional y como la gran persona que es.

O José que, como él mismo explica, tras un “paréntesis” en su vida con más oscuros que claros, las prácticas en Utopick Cacao de un curso de pinche de cocina de la Escuela Novaterra le han abierto un nuevo futuro profesional. Hoy aprende de la mano de uno de los mejores chocolateros de España y ve la vida con otros ojos.

Manuel, que tras años de profesionalización en nuestra empresa social Novaterra Catering Sostenible, hoy es el maître en un restaurante de la playa. Y hasta se ha echado novia. Porque la confianza y el creer en uno mismo a veces le da la vuelta hasta a la situación personal.

Así hasta 111 historias se sucedieron en 2016, y las que llevamos en 2017. Historias que, como a nosotros, cada día enamoran a más profesionales de la gastronomía. Y que el próximo 5 de junio celebraremos de nuevo, todos juntos -empresarios del sector, cocineros, estudiantes, voluntarios-, en una gala sin igual, para brindar por la buena gastronomía, por los valores de la una profesión que nos da muchas alegrías, y por la gastronomía solidaria.


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Las primeras subvenciones para el Bien Común, a examen


El Gobierno valenciano ha publicado recientemente una orden que recoge lo que serán las primeras ayudas destinadas a la promoción de la economía sostenible, o lo que es lo mismo: para promover la Economía del Bien Común y el modelo de empresa social, procesos de innovación social que según la orden, “resultan de utilidad para encontrar soluciones a las necesidades sociales y contribuyen al cambio económico y social”.

Este documento se enmarca dentro de la estrategia más amplia del Gobierno valenciano de “sentar las bases para que la Comunitat Valenciana avance hacia un modelo económico sostenible”, y “con rostro humano, que sea al mismo tiempo, socialmente inclusivo y sostenible, y que genere ocupación estable y de calidad”.

Esta orden refleja una clara apuesta por el modelo de empresa social, que muestra una “primacía de la persona y del fin social sobre el financiero”, una apuesta que, como recoge el documento, ha recibido una especial atención por parte de las instituciones europeas; con lo que el Gobierno valenciano con esta orden está mostrando el interés de estar a la altura de las propuestas más innovadoras a nivel europeo.

A mi modo de ver, esta orden es un gran avance, pero muestra todavía algunos puntos débiles, síntoma de las políticas que se están adoptando en la Comunitat Valenciana, que distan todavía mucho de ese gran propósito recogido en esa loable introducción a la orden.

Uno de los mayores peros que veo a esta orden de subvenciones tiene que ver con el objetivo de la misma y los agentes desarrolladores de las actividades subvencionables. Me explico. La subvención va destinada a tres tipos de beneficiarias: 1. Asociaciones, fundaciones, y otras entidades sin ánimo de lucro, que tengan entre sus fines la promoción y fomento de los principios vinculados a la empresa social y/o de la Economía del Bien Común; 2. Pymes, y 3. Centros, institutos y entes universitarios especializados para investigación en la materia.

Mientras que para las pymes las subvenciones van claramente destinadas a los gastos derivados de la implantación de la cultura y práctica de la empresa social y la Economía del Bien Común, tales como la elaboración e implantación de una memoria de responsabilidad social, o programas de desarrollo de capacidades y competencias del personal para comprender, medir y comunicar el impacto de las acciones y comportamientos responsables, comprometidos y sostenibles, esto no es así en los otros dos tipos de beneficiarios. Es decir, que las entidades sin ánimo de lucro no pueden beneficiarse de esta subvención para elaborar sus memorias o balances del Bien Común ni para mejorar sus prácticas responsables.

Este hecho, a mi modo de ver, muestra una falta de conocimiento de la realidad valenciana. En primer lugar, porque asociaciones, fundaciones y otras entidades sin ánimo de lucro que tengan entre sus fines la promoción y fomento de los principios vinculados a la empresa social y/o de la Economía del Bien Común hay más bien pocas. Se podrían contar con los dedos.

En segundo lugar, porque incluso las que hay, tienen todavía mucho por mejorar en la implantación y mejora de prácticas responsables. Por lo que, en definitiva, lo que esta orden promociona, permitidme la expresión, es que salgan entidades “como churros” que soliciten estas subvenciones para la creación de jornadas, conferencias, y congresos sobre Economía del Bien Común que poco van a aportar. Y no apuesta, por el contrario, por una profesionalización real y mejora de las entidades sin ánimo de lucro y entidades investigadoras y/ universidades, que se les supone “responsables” y conforme al “bien común”, pero que los que conocemos el sector desde dentro bien sabemos que no siempre es así.

Las entidades sin ánimo de lucro son también “empresas” en su sentido más original, corporaciones, organizaciones, y lo primero, si no se quiere empezar la casa por el tejado, es promover que sean organizaciones éticas, y ayudarlas con estas subvenciones. Eso sí, esto siempre va a ser menos “vistoso” que un aluvión de jornadas y congresos sobre responsabilidad social y bien común. Es un hecho.

La propia administración corrobora que esto es así al valorar positivamente, con hasta cinco puntos, que estas entidades hayan realizado “balances o auditorías o informes económicos-sociales, medioambientales, de responsabilidad social, tales como el Balance del Bien Común o el Informe GRI, o similares, en los doce meses anteriores a la solicitud”, y no tomándolo como un requisito indispensable para acceder a la subvención. ¡Qué menos! ¿No?

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Somos más solidarios de lo que creemos


“La gente es buena más allá de lo que digan los telediarios”. La frase no es mía, aunque me encantaría. Es de Paco Arango, para unos director de cine, pero para muchos otros más que eso, un verdadero “genio”, que como presidente de la Fundación Aladina hace realidad los deseos de niños con cáncer y de sus familias, desde hace 17 años.

Tras llevar al cine la cruda realidad del cáncer con Maktub, ahora vuelve con Lo que de verdad importaLa primera película española 100% benéfica, 100% positiva, como reza el cartel de estreno. Una película que ha recaudado ya 2,5 millones de euros desde el 17 de febrero que se estrenó. La productora no recuperará ni un euro de lo invertido. Todo el dinero, absolutamente todo el dinero recaudado, irá destinado a una actividad increíble: los campamentos para niños y niñas con cáncer fundados por Paul Newman, Serious Fun, para disfrutar de una diversión “en serio”.

Un Paul Newman para muchos desconocido, que además de esta fundación puso en marcha una línea de comidas que ya ha generado 540 millones de dólares entregados directamente a los niños con cáncer. Héroes silenciosos. Facetas desconocidas de grandes personas.

El dinero, como digo, va destinado a unos campamentos que unen a niños y niñas de toda Europa con el mismo sufrimiento con un objetivo en común: sanar no la enfermedad, sino el daño psicológico que conlleva. Los médicos afirman que es tan importante como la propia quimioterapia. “Los padres dicen que les devolvemos a sus hijos como eran antes de tener la enfermedad”, afirma Arango.

“España es un país con un gran corazón, y yo le he dado una gran excusa para mostrarlo”, asiente Arango. Yo también lo creo. Pero la relación entre palabras bonitas y la exigencia de hechos concretos es también una constante entre las personas de “buen corazón”. Sobre todo después de hechos tan negativos como el reciente caso de Nadia Nerea, sobre el que ya escribí en este medio, que ha sacudido la confianza de la ciudadanía en las causas sociales.

Pero si ese gran corazón sigue debajo, solo hacen falta de nuevo buenas razones para ayudar, como ha demostrado Arango.

El caso Nadia Nerea ha sacudido la confianza de la ciudadanía en las causas sociales, pero su gran corazón sigue debajo; solo hay que dar buenas razones para que continúen ayudando.

Mi experiencia en el ámbito de la captación de fondos me ha llevado a comprobar que somos bastante reacios a dar dinero, quizá algo tenga que ver nuestro carácter mediterráneo, pícaro y desconfiado, en comparación con otros países vecinos. Los datos así lo corroboran. No estamos entre los países europeos que más donan a casusas sociales. Y mucho más cuesta comprometerse con una cuota estable que con una donación puntual. ¿Pero significa eso que somos poco solidarios?

No, no lo creo. Constatada la realidad, hay que ponerse manos a la obra, e identificar cómo nos gusta en España ser personas solidarias, qué mueve esos corazones. En la Fundación Novaterra tenemos un catálogo propio con siete formas de colaborar con la entidad. Las siete igual de importantes, y solo una tiene que ver con dar dinero. Se puede donar tiempo. Se puede donar conocimiento. Se pueden donar contactos. Se puede donar en especie. Se puede realizar voluntariado a título personal o corporativo; se puede participar en campañas; dar difusión; contratar servicios de empresas sociales; participar en actividades; acudir a talleres solidarios.

Nunca, ni una sola vez, me he encontrado con una persona ni con una empresa que haya dicho que no a colaborar con Novaterra. A dar dinero, sí, abiertamente, por diversas causas. A buscar la manera en la que poder ser solidario con el proyecto, nunca.

Se pueden donar órganos. Se puede donar sangre. España es líder mundial en donación y trasplantes desde hace 24 años, y ha vuelto a batir un año más su propio récord, registrando el mayor aumento en el número de donantes en la historia, lo que le ha permitido alcanzar los 39,7 donantes por millón de población y un total de 4.769 pacientes trasplantados en 2015.

Hay que abrir el espectro, porque maneras de contribuir al bien común hay muchas. Hay que ser imaginativos, y no dejar a nadie sin experimentar la inigualable sensación de dar. Porque una vez se prueba, engancha.

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Liderazgo femenino, ¿a costa de cuánto?


Marzo es el tercer mes del año en el calendario gregoriano y tiene 31 días. Su nombre deriva del latín Martius, que era el primer mes del calendario romano, que a su vez deriva de Mars, el dios romano de la guerra. El nombre de Marzo fue elegido en honor a este dios, pues era en este mes cuando se planeaban todas las campañas militares que tendrían lugar tras el transcurso del año.

En el mes de marzo, alrededor del día 21, tiene lugar el equinoccio de primavera en el hemisferio septentrional y el equinoccio de otoño en el meridional. Marzo es un mes de renovación, de dejar atrás el invierno, de quemar “lo viejo”, algo de lo que sabemos bien los valencianos.

Fue también marzo el mes elegido por la política alemana Clara Zetkin, férrea defensora de los derechos de las mujeres, en 1910, para conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora. Un movimiento por los derechos de las mujeresque fue respaldado por más de 100 mujeres de 17 países, con más de un millón de personas manifestándose por la calles de Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca.

El 25 de marzo de 1911, justo un año después, tiene lugar uno de los más trágicos desastres de la Revolución Industrial. 146 personas, de ellas 123 mujeres, fallecen en el incendio de Triangle Shirtwaist, en el edificio Asch de Nueva York. La mayoría eran jóvenes de entre 14 y 23 años, inmigrantes judías de Europa del Este e italianas que se ganaban la vida en esta fábrica de camisas en el distrito de Manhattan, Nueva York.

El incendió se propagó rápidamente, las puertas de las escaleras y la salida estaban cerradas a propósito para evitar las protestas sindicales. Y cada mes de marzo, desde entonces, todavía con más rabia e indignación, se recuerda la lucha de todas y cada una de las mujeres, muchas de ellas fallecidas en el intento. Y se sigue reivindicando un papel en igualdad de condiciones en este mundo que vivimos, en todos y cada uno de los rincones del planeta.

El mes de marzo, mes de la guerra de los hombres, es el mes de la igualdad de las mujeres. Es el mes de la lucha por el mundo en femenino. Nelson Mandela dijo una vez que las guerras acabarían cuando de verdad las mujeres lideraran el mundo. En ese momento, quizá el mes de marzo adquirirá todavía un sentido más revolucionario.

Nelson Mandela dijo una vez que las guerras acabarían cuando de verdad las mujeres lideraran el mundo.

Sin duda hemos avanzado mucho en libertades, en derechos, en igualdad laboral. No cabe duda. Pero ¿realmente en la dirección correcta? En apenas cuatro días seis mujeres han muerto asesinadas a manos de hombres. Alarmantemente, la mayoría de ellas habían denunciado antes, y los agresores tenían órdenes de alejamiento. 14 mujeres en no llega dos meses. Fueron 55 mujeres en 2016. Sin contar, por supuesto, las que lograron sobrevivir, las supervivientes a la violencia de género, y sus familias.

Jóvenes, mayores, nacionales, extranjeras, de distintas clases sociales, profesiones y niveles económicos. Hasta una guardia civil ha muerto asesinada estos días. Nadie encuentra un patrón, ni la manera de hacerle frente.

Mujeres que triunfan en un mundo de hombres a costa de comportarse como ellos. O de sacrificar sus vidas familiares. Medidas de conciliación y flexibilidad laboral que no avanzan.

Niños/as desatendidos, adictos al móvil, a Internet, a las redes sociales, que claman afecto y atención, y más tiempo con su familia. Padres y madres estresados, con la sensación siempre de no llegar a todo, de no estar haciéndolo bien, y de que no hay alternativa.

Mujeres que cada vez retrasan más la edad para quedarse embarazadas, porque no es fácil, no va a ser fácil, con los consecuentes problemas cada vez mayores de infertilidad y su sufrimiento añadido. Familias que cada vez tienen menos hijos de los que quisieran. Cansadas, ha titulado Nuria Valera, periodista, escritora y experta en violencia de género y políticas de igualdad, su último libro, en el que habla de “una nueva misoginia” que reproduce el machismo de toda la vida pero con una forma “mucho más sutil”.

Toda una generación de mujeres, que ahora rondan los 40, que tuvieron que poner en práctica los avances teóricos logrados por sus predecesoras, como el acceso normalizado a la universidad, el empleo cualificado o el acceso a puestos directivos. Algo que hicieron, según la autora, “sin gloria ni reconocimiento”. Una generación “sándwich”, con “proyectos de vida que no tienen continuidad porque tenemos hijos demasiado pequeños y padres demasiado mayores”. Madres cansadas, abuelas cansadas, que nos han criado en una igualdad formal, pero no real.

‘Cansadas’, el último libro de la periodista Nuria Valera, habla de “una nueva misoginia” que reproduce el machismo de toda la vida pero con una forma “mucho más sutil”.

Una sociedad enferma, que clama a raudales un cambio, un cambio de sistema, de organización de los tiempos del trabajo y de la vida personal, de una igualdad real entre hombres y mujeres, pero no a costa de nadie. A lo que sumar una feminización de la pobreza: un creciente empobrecimiento con rostro de mujer, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales.

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Elijo todo. Porque yo lo valgo


Recuerdo una tarde de Reyes, tras la cabalgata, subir con mucha ilusión al salón de cristal del Ayuntamiento de Valencia a conocer a Sus Majestades, y recibir personalmente de sus manos un regalo anticipado.
Desenvolví aquel presente con ilusión, y me encontré con un juego de mesa -en mi época de los mejores regalos que podías recibir para jugar en familia- llamado Spot. Al llegar a casa descubrí que se trataba de acertar, a través de frases como El mío lo lava más blanco, o Leche, cacao, avellanas y azúcar, el producto que se estaba anunciando.

Poco a poco empecé a ver, lo primero, que el juego era algo antiguo, por el tipo de spots que recogía; lo cual ya decía mucho: los anuncios marcan generaciones. Y, lo segundo, la cantidad de frases publicitarias, “jingles” comerciales, y spots, grabados en la memoria de toda una familia. El poder de la publicidad, ya en los años 80.

Pero mi reflexión hoy va mucho más allá de esto, que ya de por sí es importante pararse a pensar. Y lo haremos mientras jugamos al Spot del siglo XXI.

Te lo mereces, y lo sabes

Te lo mereces, y lo sabes. Piensa unos minutos, ¿de qué empresa estamos hablando? Éste es uno de mis eslóganes preferidos, aunque es de la campaña anterior. Este año ha sido sustituido por -a ver si alguien se acuerda…-: Quiéreteme, quiérete un poquito, amor; quiéreteme, este es tu momento, amor.

Estamos hablando de un gigante de las compras como es El Corte Inglés, que he de reconocer que a nivel publicitario ha dado un salto cualitativo en las últimas campañas. Estas dos, asociadas a las rebajas, junto con la de este año de Navidad de la fábrica del papel de regalo, son emotivas, enganchan y se convierten en virales. ¿Quién no se ha encontrado parada en un semáforo, canturreando: Quiéreteme?

Este tipo de anuncios apelan a una idea madre: te mereces consumir, te mereces ese producto, porque Tú lo vales (de L’Oréal París, por cierto). Tu valor tiene que ver con tu potencial de consumo. Cuanto más vales, más consumes.

Elige todo

Esta es otra idea matriz que me ha llamado poderosamente la atención en los últimos meses: Elige todo. Esta campaña de Movistar (dominio web incluido Eligetodo.com) nos incita a la no elección; promueve que tenemos “derecho” a tenerlo todo, y nos lleva a una enorme frustración si no podemos conseguirlo.

En mi época de niña nos enseñaban a vivir con moderación, a esforzarnos para conseguir nuestros objetivos, a saber que no se puede tener todo en la vida, y que se puede ser feliz con lo necesario. Hoy lo queremos todo, elegimos tenerlo todo, porque, de nuevo, “lo valemos”.

¿Resfriado? ¡Venga ya!

Esta es una de mis favoritas, y para mí de las más preocupantes. El anuncio narra la siguiente situación: “Éste es Jaime. Y Jaime tiene hoy un plan importante, a pesar de un molesto resfriado; y a pesar de que el día no sea precisamente soleado; y de una inoportuna parada para ir al baño; y de un repentino atasco, y de un camino encharcado… Porque Jaime puede tener un resfriado, pero no va a dejar que frene sus planes gracias a la solución más completa de Frenadol. ¿Resfriado? ¡Venga ya!”.

Desde el Frendadol Forte, porque no dejes un trancazo cambie tus planes, ni los de los tuyos, hasta el Frenadol Junior, para que ni los niños dejen de jugar a la consola por un resfriado. Una cultura del “no parar” alentada cada cinco minutos en televisión.

Parece que me hago mayor, hablando constantemente de mi niñez, pero antes, cuando una persona estaba enferma, se le recomendaba reposo, caldos e infusiones. Descanso y atención. Hoy desde muy pequeños se nos introduce en esta cultura que lleva a que a nadie se le ocurra llamar al trabajo para decir que no va porque está resfriado y necesita el correspondiente reposo, caldo e infusión. Que nada te pare.

La publicidad de medicamentos ha creado una cultura que lleva a que a nadie se le ocurra llamar al trabajo para decir que no va porque está resfriado.

Para que no te pierdas nada

Otro aspecto interesante, reflejo de la sociedad actual, que recogen los anuncios es la inmediatez. En tan solo un minuto, para que no te pierdas nada. La forma más rápida de comer (arroces Brillante). Como si cocinar y comer fuera “perderse algo”, en lugar de una parte fundamental de la vida de las personas. Esta idea de la rapidez en las tareas cotidianas, unida a las compras por Internet, a las entregas en una hora, al WhatsApp, el correo electrónico en el móvil, el Messenger… nos ha instalado en una cultura de la inmediatez que aterra.

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Sobre el caso Nadia, la confianza en las ONG y la responsabilidad de los medios


Este artículo va sobre el ya famoso caso de la niña Nadia Nerea, y la confianza depositada en las ONG. ¿O no sólo es eso?

El padre de Nadia Nerea, Fernando Blanco, posa junto a su hija en una foto subida en su página de Facebook.

 Empezaremos con un experimento, querido lector. Cierra los ojos. Escucha este nombre: Nadia Nerea. Primero, sin más explicación, piensa si sabes a qué me refiero con este nombre. Después, anota mentalmente qué pensamientos, qué sensaciones, qué emociones te vienen a la cabeza.

Bien. Vamos allá. Nadia Nerea es una pequeña que sin quererlo se ha hecho famosa las últimas semanas por la mala praxis de sus padres. Una niña con una supuesta enfermedad rara, tricotiodistrofia, que sus padres han aprovechado para recaudar fondos y emplearlos en todo menos en su salud.

¿Has acertado? ¿Sabías de qué hablábamos solo con escuchar el nombre? Si lo has hecho debes ser de la mayoría de españoles y españolas que estas semanas han seguido el caso por los medios de comunicación.

Vamos con la segunda pregunta. ¿Qué sentimientos, emociones, dudas, temores, te han asaltado? Imagino que algunas tendrían que ver con la falta de escrúpulos de unos padres que han aprovechado la lástima por la enfermedad de su hija para enriquecerse. Lo segundo si esa niña estaría bien atendida o no. Cosa que no sabemos de momento, pero que también se ha puesto en tela de juicio. Lo tercero…y seguro que es así, la credibilidad de causas similares. ¿Cómo puedo fiarme de que la organización o proyecto al que apoyo realmente no me tome el pelo? ¿Será un caso aislado? ¿Podemos confiar en las ONG? ¿Realmente llega el dinero? ¿Son tan loables estas causas?

Voy a pedirte un esfuerzo más, querido lector. ¿Realmente piensas tú eso? ¿O son las noticias que has leído, escuchado, visto, los últimos días, las que te han llevado a pensarlo, o a priorizarlo por encima de otras cuestiones, como la de un caso aislado de un par de corruptos que han engañado a gente para sacarles el dinero?

Y volvemos al principio de nuestro artículo. ¿Es una cuestión de credibilidad en las ONG, o de ética periodística? ¿De verdad este asunto está tratado como lo que es: un caso aislado de dos personas corruptas y aprovechadas?

¿Es una cuestión de credibilidad en las ONG, o de ética periodística? ¿De verdad este asunto está tratado como lo que es: un caso aislado de dos personas corruptas y aprovechadas?

La “noticia” ha abierto telediarios nacionales durante días, contando prácticamente lo mismo, y ha sembrado el desconcierto en el sector de las organizaciones solidarias en general. Se han traído a colación anteriores casos, de nuevo aislados, de alguna organización que no actuó correctamente, y ¿con qué interés? ¿Realmente cumplía los requisitos para ser una noticia al nivel de los principales telediarios del país, por delante de guerras, desastres naturales, política, y otros asuntos relegados a un segundo plano?

En 1926 el editor del Manchester Guardian, C. P. Scott afirmó “los hechos son sagrados, las opiniones libres”. Una máxima que sin embargo no siempre se corresponde con la realidad en el periodismo.

El filósofo Habermas afirma críticamente que información y opinión se dan entrelazados en el periodismo: “Los periódicos pasaron de ser meros lugares de publicación de noticias a ser también portadores y guías de la opinión pública, medios de lucha partidista. Lo que acarreó la siguiente consecuencia por lo que a la organización interna de la empresa periodística hace. La inserción de una nueva instancia entre la colección de noticias y su publicación: la redacción. Pero para el editor esto significaba que pasaba de ser un vendedor de noticias frescas a un comerciante de opinión pública”.

Para Habermas, la comunicación periodística produce en los ciudadanos una comprensión intersubjetiva casi homogénea del espacio social, capaz de crear lugares comunes. En opinión del filósofo alemán, el espacio social es, en un elevado porcentaje, producto de los medios.

Desconozco las razones que han llevado a los principales medios de este país a sembrar las sospechas sobre un sector que lucha cada día por atender, ayudar, acompañar -con enormes dificultades- a las personas más vulnerables y machacadas de nuestra sociedad. Un sector al que en España apoya menos de un 20% de la ciudadanía, frente a otros  países europeos como Francia (49%),  Reino Unido (55%), Austria (76%)  o Finlandia (78%). Nos queda mucho camino que recorrer en lo que a solidaridad y lucha por la justicia se refiere. Y la credibilidad y la confianza en las causas lo es todo.

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